12-123
Enero 24, 1920
Dios creó al hombre para que le hiciera compañía.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba uniéndome con Jesús, pidiéndole que no me
dejara sola, que viniera a hacerme compañía, y Él moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “¡Hija mía, si supieras como deseo, suspiro, amo la compañía de la criatura! Es tanto, que
si al crear al hombre dije: “No es bueno que el hombre esté solo, hagamos otra criatura que lo
asemeje y le haga compañía, a fin de que uno forme la delicia del otro.” Estas mismas palabras,
antes de crear al hombre las dije a mi amor: “No quiero estar solo, sino quiero a la criatura en
mi compañía, quiero crearla para entretenerme con ella, para compartir con ella todos mis
contentos, con su compañía me desahogaré en el amor”. Por eso la hice a mi semejanza, y
conforme su inteligencia piensa en Mí, se ocupa de Mí, así hace compañía a mi sabiduría, y mis
pensamientos haciendo compañía a los suyos, nos entretenemos juntos; si su mirada me mira
a Mí y a las cosas creadas para amarme, siento la compañía de su mirada; si la lengua reza,
enseña el bien, siento la compañía de su voz; si el corazón me ama, siento su compañía en mi
amor; y así de todo lo demás. Pero si en cambio hace lo contrario, Yo me siento solo, como un
rey abandonado, pero, ¡ay! cuántos me dejan solo y me desconocen”.
+ + + +
Marzo 14, 1920
12-124
El martirio del amor sobrepasa en modo
casi infinito todos los otros martirios juntos.
(1) Mi estado es siempre más doloroso, y mientras nadaba en el mar inmenso de las
privaciones de mi dulce Jesús, de mi Vida, de mi Todo, no podía hacer menos que lamentarme
y decir algunos desatinos, y mi Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho suspirando:
(2) “Hija mía, tú eres para mi corazón el martirio más duro, el dolor más crudo, y cada vez que
te veo gemir y petrificada por el dolor de mi privación, mi martirio se hace más acerbo, y es tanto
el espasmo, que me veo obligado a suspirar y gimiendo exclamo: “¡Oh hombre, cuánto me
cuestas! Tú formaste el martirio a mi Humanidad, la que arrebatada de locura de amor por ti se
sometió a todas tus penas, y continúas formando el martirio de quien arrebatada de amor por
Mí y por ti se ofrece víctima ante Mí por causa tuya”. Así que mi martirio es continuo, es más,
lo siento más a lo vivo, porque es martirio de quien me ama, y el martirio del amor sobrepasa en
modo casi infinito a todos los demás martirios juntos”.
(3) Después, acercando su boca al oído de mi corazón decía gimiendo:
(4) “¡Hija mía, hija mía! ¡Pobre hija! Sólo tu Jesús puede comprenderte y compadecerte,
porque siento en mi corazón tu mismo martirio”.
(5) Después ha agregado: “Escucha hija mía, si el hombre con el castigo de la guerra se
hubiera humillado y entrado en sí mismo, no serían necesarios otros castigos, pero el hombre
se ha hecho más perverso, por tanto, para hacerlo entrar en sí mismo son necesarios castigos
más terribles que la guerra misma, y vendrán, por eso la justicia va formando vacíos, y si
supieras qué vacío se va formando en mi justicia con el no venir a ti, temblarías por ello, porque
si Yo viniera a ti harías tuya mi justicia, y tomando sobre ti las penas llenarías los vacíos que el
hombre hace con el pecado; ¿no lo has hecho por tantos años? Pero ahora la obstinación del
745 sig