Querer, porque en cada acto que ha hecho en mi Voluntad me ha encerrado a todo Yo, y esta
vestidura estará adornada de tantos espejos, y en cada uno se verá todo Yo mismo, así que
desde donde sea mirada, por delante, por detrás, por la derecha, por la izquierda, me verán a
Mí y multiplicado en tantos por cuantos actos ha hecho en mi Querer. Vestidura más bella no
podría darle, será el distintivo exclusivo de las almas que viven en mi Querer”.
(4) Yo he quedado un poco confundida al oír eso, y Él ha agregado:
(5) “Cómo, ¿dudas de esto? ¿Qué no sucede lo mismo en las hostias sacramentales? Si hay
mil hostias, mil Jesús hay, y a mil almas me doy en comunión todo entero; y si hay cien hostias,
hay cien Jesús y me puedo dar en comunión sólo a cien. Así en cada acto hecho en mi Voluntad,
el alma me encierra dentro y Yo quedo sellado dentro de la voluntad del alma, así que estos
actos hechos en mi Querer son comuniones eternas, no sujetas como las hostias sacramentales
a consumirse las especies, y con el consumirse las especies mi Vida Sacramental termina; en
cambio en las hostias de mi Voluntad no entra ni harina, ni ninguna otra materia, el alimento, la
materia de estas hostias de mi Voluntad es mi misma Voluntad eterna unida con la voluntad del
alma, eterna Conmigo, no sujetas estas dos voluntades a consumirse. Entonces, ¿qué de
extraño tiene el que se vea tantas veces multiplicada toda mi persona por cuantos actos ha
hecho en mi Voluntad, mucho más que Yo he quedado sellado en ella, y ella tantas veces en
Mí? Así que también en Mí quedará multiplicada tantas veces el alma por cuantos actos ha
hecho en mi Querer, son los prodigios de mi Querer, y esto basta para quitarte cualquier duda”.
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12-121
Enero 9, 1920
Todas las cosas creadas llevan el Amor de Dios al hombre.
(1) Estaba rezando, y con mi pensamiento me fundía en el Querer Eterno, y poniéndome ante
la Majestad Suprema decía: “Eterna Majestad, vengo a tus pies a nombre de toda la familia
humana, desde el primero hasta el último hombre de todas las generaciones humanas, a
adorarte profundamente; a tus pies santísimos quiero sellar las adoraciones de todos; vengo a
reconocerte a nombre de todos como Creador y dominador absoluto de todo; vengo a amarte
por todos y cada uno, vengo a corresponderte en amor por todos, por cada cosa creada en la
que has puesto para nosotros tanto amor, que la criatura jamás podrá encontrar amor suficiente
para corresponderte en amor, pero yo en tu Querer encuentro este amor, y queriendo que mi
amor, así como todos mis demás actos, sean plenos, completos, y por todos, por eso he venido
en tu Querer, donde todo es inmenso y eterno, y encuentro amor para poderte amar por todos,
por tanto te amo por cada estrella que has creado, te amo por cuantas gotas de luz e intensidad
de calor has puesto en el sol”. ¿Pero quién puede decir todo lo que mi pobre mente decía? Me
extendería demasiado en decirlo todo, por eso mejor pongo punto. Ahora, mientras esto hacía,
un pensamiento me ha dicho: “¿Cómo es eso, y en qué manera Nuestro Señor ha puesto en
cada cosa creada ríos de amor hacia la criatura?” Y una luz ha respondido a mi pensamiento:
(2) “Cierto hija mía que en cada cosa creada mi amor se derramaba a torrentes hacia la
criatura, te lo dije antes, te lo confirmo ahora, que mientras mi amor increado creaba el sol, en
él ponía océanos de amor, y en cada gota de luz que debía inundar al ojo, al paso, a la mano y
todo lo de la criatura, corría mi amor, y casi tocándole dulcemente el ojo, la mano, el paso, la
boca, le da mi beso eterno y le lleva mi amor; junto con la luz corre el calor, y golpeándola un
poco más fuerte y casi impaciente por el amor de la criatura, hasta dardearla, le repito más fuerte
mi “te amo” eterno, y si el sol con su luz y calor fecunda las plantas, es mi amor que corre a la