y mi complacencia, quien confía en Mí me ama, me estima, me cree rico, potente, inmenso; en
cambio, quien desconfía, no me ama en verdad, me deshonra, me cree pobre, impotente,
pequeño, ¡qué afrenta a mi bondad!”
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12-115
Octubre 15, 1919
El Querer Divino lleva el estado de seguridad.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando: “¿Cómo será? Soy tan mala, no soy
buena para nada; con las privaciones de mi Jesús me he reducido a un estado de hacer llorar,
y si se pudiera ver, aun las piedras llorarían, y con todo esto ni dudas, ni temores, ni de juicio ni
de infierno, qué estado tan lamentable es el mío”. Mientras esto pensaba, mi amable Jesús se
ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, en cuanto el alma entra en mi Querer y se decide a vivir en Él, huyen de ella
todas las dudas y todos los temores. Sucede como a una hija de un rey, que por cuanto la gente
quisiera decirle que no es hija de su padre, ella no les presta atención, más bien está orgullosa
y dice a todos: “Es inútil que me digan lo contrario, que quieran infundirme dudas y temores, yo
soy verdadera hija del rey, él es mi padre, vivo con él; es más, su mismo reino es mío.” Así que
aunado a tantos otros bienes que lleva el vivir en mi Querer, lleva el estado de seguridad, y
como hace suyo lo que es mío, ¿cómo puede temer de lo que posee? Así que el temor, la duda,
el infierno, se pierden y no encuentran la puerta, el camino, la llave para entrar en el alma, es
más, en cuanto el alma entra en el Querer Divino se desnuda de sí y Yo la visto de Mí con
vestiduras reales, y estas vestiduras le ponen el sello de que es mi hija, de que mi reino, así
como es mío es suyo, y defendiendo nuestros derechos toma parte en juzgar y en condenar a
los demás. Entonces, ¿cómo quieres tú ir pescando temores?”
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12-116
Noviembre 3, 1919
Participación de las penas del estado de víctima de Jesús.
(1) Estaba pensando acerca de mi pobre estado, el dolor de su privación me petrifica, pero
estoy calmada y toda abandonada en mi dulce Jesús. El Cielo me parece cerrado, la tierra
desde hace mucho ni siquiera la conozco, y si no la conozco, ¿cómo puedo esperar ayuda? Así
que no tengo ni siquiera la dulce esperanza de esperar ayuda de personas de este pobre mundo.
Si no tuviera la dulce esperanza en mi Jesús, en mi vida, en mi todo, que es mi único apoyo, yo
no sé qué cosa haría. Entonces mi siempre amable Jesús, viendo que no podía más, ha venido,
y poniéndome su santa mano en la frente para darme fuerza me ha dicho:
(2) “Pobre hija, hija de mi corazón y de mis penas, ánimo, no te abatas, nada ha terminado
para ti; más bien cuando parece que termina entonces comienza. De todo lo que tú piensas,
nada es verdad, tu estado presente no es otro que un punto del estado de víctima de mi
Humanidad. ¡Oh! cuántas veces se encontraba mi Humanidad en estas circunstancias
dolorosas, Ella estaba fundida con mi Divinidad, más aún, era una sola cosa, sin embargo mi
Divinidad que tenía todo el poder y quería la expiación de toda la familia humana, me hacía
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