(4) Otro día, sólo pasando ante mí, me dejó una luz en la mente que me hacía comprender
que el bendito Jesús, así como ha extendido el cielo sobre nuestra cabeza, así ha extendido un
cielo en nuestra alma, pero no sólo uno, sino muchos más, así que cielo es nuestra inteligencia,
cielo es nuestra mirada, cielo es la palabra, la acción, el deseo, el afecto, el corazón; con la
diferencia de que el cielo externo no se cambia, ni crecen ni decrecen las estrellas, mientras que
los cielos de nuestro interior están sujetos a cambios, así que si el cielo de nuestra mente piensa
santamente, conforme se forman los pensamientos así se forman las estrellas, los soles, los
bellos cometas, y nuestro ángel en cuanto los ve formados, los toma y los va colocando en el
cielo de nuestra inteligencia; y si el cielo de la mente es santo, la mirada es santa, la palabra, el
deseo, el latido son santos. Así que las miradas son estrellas, la palabra es luz, el deseo es
cometa que se extiende, el latido es sol, y cada uno de los sentidos adorna su cielo. En cambio,
si la mente es mala, nada de bello se forma, más bien se extienden tales tinieblas, que oscurecen
todos los otros cielos; así que la mirada lanza relámpagos de impaciencia, la palabra profiere
blasfemias, los deseos arrojan saetas de pasiones brutales, el corazón de su seno hace salir
granizadas devastadoras sobre todo el obrar de la criatura; pobres cielos, cómo son oscuros,
cómo dan piedad”.
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12-110
Agosto 6, 1919
El abandono en Dios. Valor de los actos hechos en el Divino Querer.
(1) Paso mis días amarguísimos, mi pobre corazón está como petrificado por el dolor de la
privación de quien forma mi vida, mi todo, y si bien resignada, sin embargo no puedo hacer
menos que lamentarme con mi dulce Jesús cuando casi en forma fugaz, o me pasa delante, o
se mueve en mi interior, y recuerdo que en estos lamentos una vez me dijo:
(2) “El abandono en Mí es imagen de dos torrentes, en donde uno se descarga en el otro con
tal ímpetu, que las aguas se confunden al juntarse, y formando olas altísimas llegan hasta tocar
el cielo, tanto, que el lecho de aquellos torrentes queda seco; y el estruendo de esas aguas, su
murmullo, es tan dulce y armonioso, que el cielo al verse tocado por esas aguas se siente
honrado y resplandece de nueva belleza, y los santos a coro dicen: “Este es el dulce sonido y
la armonía que rapta, de un alma que se ha abandonado en Dios, ¡cómo es bello, cómo es
bello!”
(3) Otro día me dijo: “¿De qué temes? Abandónate en Mí y quedarás circundada por Mí como
dentro de un círculo, de manera que si vienen los enemigos, las ocasiones, los peligros, tendrán
que vérselas Conmigo y no contigo y Yo responderé por ti. El verdadero abandono en Mí es
reposo para el alma y trabajo para Mí, y si el alma está inquieta, significa que no está
abandonada en Mí; justa pena para quien quiere vivir en sí misma es la inquietud, haciéndome
a Mí una gran afrenta y a ella un gran daño”.
(4) Otro día me lamentaba más fuerte aún, y mi amable Jesús todo bondad me dijo:
(5) “Hija mía, cálmate, este estado tuyo es el vacío que se está formando para el segundo
preparativo de los nuevos castigos que vendrán. Lee bien lo que te he hecho escribir y
encontrarás que no todos los castigos se han verificado aún. Cuántas otras ciudades serán
destruidas, las naciones continuarán poniéndose como enemigas una de la otra, ¿y de Italia?
Sus naciones amigas se harán sus más fieros enemigos, por eso paciencia hija mía, cuando
todo esté preparado para volver a llamar al hombre, vendré a ti como antes y rogaremos y
lloraremos juntos por el hombre ingrato. Tú no salgas jamás de mi Querer, porque siendo eterno