pasadas, y que no harán, en esta era de mi Voluntad completarán el amor, la gloria, el honor de
toda la Creación, dándoles gracias sorprendentes e inauditas. He aquí por qué te llamo a ti en
mi Querer y te susurro al oído: “Jesús, pongo a tus pies la adoración, la sujeción de toda la
familia humana; pongo en tu corazón el te amo de todos; en tus labios imprimo mi beso, para
sellar con éste el beso de todas las generaciones; con mis brazos te estrecho, para estrecharte
con los brazos de todos, para llevarte la gloria de todas las obras de las criaturas”. Y Yo siento
en ti la adoración, el te amo, el beso, etc., de toda la familia humana. ¿Cómo no debería darte
a ti el amor, los besos, las gracias que debería dar a los demás?
(3) Has de saber hija mía, que lo que hace la criatura en la tierra es el capital que se hace
para el Cielo, así que si poco ha hecho, poco tendrá, si hace mucho, tendrá mucho, si una me
ha amado y glorificado por diez, tendrá diez contentos de más, correspondientes a otra tanta
gloria, y será amada por Mí diez veces más; si otra me ha amado y glorificado por cien, por mil,
tendrá contentos, amor y gloria por cien o por mil. Así Yo daré a la Creación lo que he decidido
dar, y la Creación me dará lo que Yo debo recibir de ella, y mi gloria será completada en todo”.
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12-105
“”Mayo 24, 1919
El alma en la cual habita Jesús, siente lo que el mundo
le manda a Él: Dureza, tinieblas, pecados, etc.
(1) Me sentía muy oprimida y afligida por la privación de mi dulce Jesús y le decía con todo el
corazón: “Ven vida mía, sin Ti me siento agonizar, pero no para morir, sino para siempre
agonizar; ven, no puedo más, no puedo más”. Mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y yo
sentía que me besaba fuerte el corazón, y después haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, sentía una irresistible necesidad de desahogarme contigo en amor”.
Y yo de inmediato: “Jesús, cuánto me haces sufrir, tu privación me mata, todas las demás
penas me serían nada, más bien serían sonrisas y besos tuyos, pero tu privación es muerte sin
piedad, ¡ah, Jesús, Jesús, cómo has cambiado!” Y Él interrumpiendo mi hablar me ha dicho:
(3) “Hija de mi amor, no quieres persuadirte que veo al mundo a través de ti y de que estás
obligada, puesto que moro en ti, a sentir lo que me manda el mundo: dureza, tinieblas, pecados,
furor de mi justicia, etc. Así que en lugar de pensar en mi privación, debes pensar en defenderme
de los males que me mandan las criaturas, y en aplacar el furor de mi justicia, así Yo quedaré
defendido en ti y las criaturas quedarán menos golpeadas”.
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Para que la Redención fuera completa, Jesús debía
sufrir la injusticia, el odio y las burlas, y como la
Divinidad era incapaz de darle estas penas, el último
de sus días sufrió la Pasión por parte de las criaturas.
12-106
Junio 4, 1919