todos, a la mía se une su gloria, y todo lo que hacen queda como injertado en la mía; en cambio
las almas perdidas quedan como miembros áridos, que faltándoles los humores vitales no son
aptas para recibir ningún injerto del bien que he hecho para ellas, sino que sólo son aptas para
arder en el fuego eterno. Así que mi Humanidad restituyó la armonía perdida entre criaturas y
Creador, y la selló a precio de sangre y de penas inauditas”.
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12-100
Mayo 4, 1919
Jesús tiene su trono en la tierra en quien vive en su Voluntad.
(1) Vivo entre privaciones y amarguras, sólo el Querer de mi Jesús es mi única fuerza y vida.
Entonces, por poco tiempo mi dulce Jesús se ha hecho ver en mi interior, todo afligido y
pensativo, sosteniéndose la frente con su mano. Yo al verlo tan afligido le he dicho: “Jesús,
¿qué tienes que estás tan afligido y pensativo?” Y Él mirándome me ha dicho:
(2) “¡Ah! hija mía, desde dentro de tu corazón estoy dividiendo la suerte del mundo, tu corazón
es el centro de mi trono en la tierra, y desde mi centro veo al mundo, sus locuras, el precipicio
que están preparando, y a Mí como puesto a un lado, como si nada fuese para ellos, y Yo estoy
obligado no sólo a quitar la luz de la gracia, sino aun la misma luz de la razón natural, para
confundirlos y hacerlos tocar con la mano quién es el hombre y qué puede hacer el hombre, y
desde dentro de tu corazón lo veo y lloro y ruego por el hombre ingrato, y te quiero a ti junto
Conmigo a llorar, rezar y sufrir para mi consuelo y compañía”.
(3) Y yo: “Pobre Jesús mío, cuánto te compadezco. ¡Ah! sí, lloraré y rogaré junto Contigo,
pero dime amor mío, ¿cómo es posible que mi corazón sea el centro de tu trono en la tierra,
mientras que hay tantas almas buenas en las cuales Tú habitas, mientras que yo soy tan mala?”
(4) Y Él ha agregado: “También en el Cielo tengo el centro de mi trono; mientras soy vida de
cada uno de los bienaventurados, y con ser vida de cada uno de ellos no por eso queda excluido
que hay un trono donde reside como punto de centro toda mi Majestad, mi omnipotencia,
inmensidad, belleza y sabiduría, etc., las cuales ningún bienaventurado puede contener, no
siendo capaces de contener toda la inmensidad de mi Ser. Así en la tierra tengo mi centro; y
mientras habito también en los demás, tengo mi punto de centro desde donde decido, ordeno,
obro, beneficio, castigo, lo que no hago en las otras moradas. ¿Y sabes por qué te he elegido
a ti como lugar de centro? Porque te he escogido para hacer vida en mi Querer, y quien vive en
mi Querer es capaz de contenerme todo como punto de mi centro, porque ella vive en el centro
de mi Ser, y Yo vivo en el centro del suyo, pero mientras vivo en su centro, vivo como si estuviera
en mi propio centro; mientras que quien no vive en mi Querer no puede abrazarme todo, así que
a lo más puedo habitar, pero no erigir ahí mi trono. ¡Ah! si todos comprendieran el gran bien del
vivir en mi Querer, harían competencia, pero, ¡ay de Mí! cuán pocos lo comprenden, y viven más
en sí mismos que en Mí”.
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