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Abril 7, 1919
Efectos del Querer Divino. Amenazas de castigos.
(1) Continuando mi habitual estado, mi dulce Jesús ha venido todo cansado, en acto de
pedirme ayuda, y apoyando su corazón sobre el mío me hacía sentir sus penas; cada pena que
sentía era capaz de darme muerte, pero Jesús sosteniéndome me daba la fuerza para no morir.
Después, mirándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, paciencia, en ciertos días me son más que nunca necesarias tus penas, para
hacer que el mundo no se incendie del todo, por eso quiero hacerte sufrir más”.
(3) Y con una lanza que tenía en la mano me ha traspasado el corazón. Yo sufría mucho pero
me sentía feliz pensando que mi Jesús dividía conmigo sus penas, y que desahogándose
conmigo podía librar a las gentes de los inminentes y terribles flagelos que caerán. Después de
algunas horas de intensas penas, mi amable Jesús me ha dicho:
(4) “Querida hija mía, tú sufres mucho, por eso ven en mi Querer para tomar descanso y juntos
recemos por la pobre humanidad”.
(5) Yo no sé cómo me he encontrado en la inmensidad del Querer Divino, en brazos de Jesús,
y Él como en voz baja decía y yo repetía junto con Él. Diré algo de lo que decía, porque el
decirlo todo me resulta imposible.
(6) Recuerdo: En el Querer de Jesús veía todos los pensamientos de Jesús, todo el bien que
nos había hecho con su inteligencia, y cómo de su mente recibían vida todas las inteligencias
humanas, pero, ¡oh, Dios! qué abuso hacían de ellas, cuántas ofensas, y yo decía: “Jesús,
multiplico mis pensamientos en tu Querer para dar a cada pensamiento tuyo el beso de un
pensamiento divino, una adoración, un reconocimiento a Ti, una reparación, un amor de
pensamiento divino, como si otro Jesús lo hiciera, y esto a nombre de todos y de todos los
pensamientos humanos, presentes, pasados y futuros, e intento suplir a las mismas inteligencias
de las almas perdidas. Quiero que la gloria por parte de las criaturas sea completa y que ninguno
falte a la llamada, y lo que no hacen ellas, lo hago yo en tu Querer para darte gloria divina y
completa”.
(7) Después, Jesús mirándome esperaba como si quisiera una reparación a sus ojos; y yo he
dicho: “Jesús, me multiplico en tus miradas, para tener también yo tantas miradas por cuantas
veces has mirado a la criatura con amor; en tus lágrimas para llorar también yo por todas las
culpas de las criaturas, para poderte dar a nombre de todas, miradas de amor divino y lágrimas
divinas, para darte gloria y reparación completa por todas las miradas de todas las criaturas”.
Luego, Jesús ha querido que a todo, a la boca, al corazón, a los deseos, etc., continuara con las
reparaciones, multiplicando todo en su Querer; y si lo dijera todo me extendería demasiado, por
eso paso adelante. Después Jesús ha agregado:
(8) “Hija mía, conforme tú hacías tus actos en mi Querer, tantos soles se formaban entre el
Cielo y la tierra, y Yo miro la tierra a través de estos soles, de otra manera es tanta la repugnancia
que me da la tierra, que no podría mirarla. Pero ella poco recibe de estos soles, porque son
tantas las tinieblas que expanden, que poniéndose de frente a estos soles no recibe ni toda la
luz ni el calor”.
(9) Después me ha transportado en medio de las criaturas, ¿pero quién puede decir todo lo
que hacían? Sólo digo que mi Jesús con acento doloroso ha agregado:
(10) “Qué desorden en el mundo, pero este desorden es culpa de las cabezas, tanto civiles
como eclesiásticas; su vida interesada y corrupta no tiene fuerza para corregir a los súbditos,
por tanto han cerrado los ojos ante los males de los miembros, porque hubieran recriminado los
males propios, y si lo han hecho ha sido todo en modo superficial, porque no teniendo en ellos
la vida de aquel bien, ¿cómo podían infundirla en los demás? Y cuántas veces estas perversas
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