(4) “Hija de mi Querer, mi Querer te ha dado las penas, y mi Querer te da de nuevo la vida, el
movimiento y todo. Te llamaré frecuentemente en mi Divinidad a tomar parte en las tantas
muertes y penas que en realidad sufrí por cada una de las almas, no como piensan algunos,
que fue sólo en mi Voluntad, o que sólo tenía intención de dar vida a cada uno. ¡Falso, falso!
No conocen el prodigio, el amor y el poder de mi Querer; tú que has conocido en algún modo la
realidad de las tantas muertes sufridas por todos, no tengas dudas, sino ámame y seme
agradecida por todos, y mantente lista para cuando mi Querer te llame”.
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Todas las cosas salieron a la vida por el Fiat eterno.
Excesos de amor en la creación del hombre.
12-96
Marzo 22, 1919
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y veía todo
el orden de las cosas creadas, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira qué armonía, qué orden en todas las cosas creadas, y cómo todas salieron
a vida del Fiat eterno, así que todo me costó un Fiat. La más pequeña estrella como el refulgente
y espléndido sol, la más pequeña planta como el gran árbol, el pequeño insecto como el animal
más grande, parece que dicen entre ellos: “Somos nobles criaturas, nuestro origen es el Querer
Eterno, todos tenemos el sello del Fiat Supremo, es verdad que somos distintos y diferentes
entre nosotros, tenemos diversidad de oficios, de calor, de luz, pero esto dice nada, uno es
nuestro valor, el Fiat de un Dios. Única la vida y nuestra conservación: El Fiat de la Majestad
Eterna”. ¡Oh, cómo todo lo creado habla elocuentemente de la potencia de mi Querer y enseña
que desde la cosa más grande hasta la más pequeña, uno es su valor, porque tienen vida por
el Querer Divino! En efecto, una estrella diría al Sol: Es cierto que tú tienes mucha luz y calor,
tu oficio es grande, tus bienes son inmensos, la tierra casi depende de ti, tanto que yo hago nada
en comparación con lo que haces tú, pero tal te hizo el Fiat de un Dios, así que nuestro valor es
igual, la gloria que damos a nuestro Creador es toda semejante”.
(3) Después ha agregado con un acento más afligido: “No fue así al crear al hombre. Es
verdad que su origen es mi Fiat, pero no me bastó, sino que llevado por un exceso de amor le
di el aliento queriendo infundirle mi misma Vida, lo doté de razón, lo hice libre y lo constituí rey
de todo lo creado; pero el hombre ingrato, ¿cómo me ha correspondido? Entre todo lo creado
sólo él se ha vuelto el dolor de mi corazón, la nota discordante. Y además, qué decirte de mi
trabajo en la santificación de las almas, no solo un Fiat, no uno mi aliento, sino que pongo a su
disposición mi misma Vida, mi amor, mi sabiduría, pero cuántos rechazos, cuántas derrotas
recibe mi amor. ¡Ah, hija mía, compadece mi duro dolor y ven en mi Querer a sustituirme el
amor de toda la familia humana, para endulzar mi corazón traspasado!”
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