extenderán en modo infinito a todos, pasados, presentes y futuros; serás la primera que no
numeradas veces, como las que participan en las llagas de mi Humanidad, sino tantas veces
por cuantas me hizo sufrir mi Divinidad, junto Conmigo serás el corderito sacrificado por las
manos de mi Padre, para resurgir y ser sacrificada de nuevo; quedarás crucificada Conmigo por
las manos eternas, para recibir en ti la marca de las penas eternas, inmensas y divinas; nos
presentaremos juntos ante el trono del Eterno, y en nuestra frente escrito con caracteres
imborrables: “Queremos muerte para dar vida a nuestros hermanos, queremos penas para
librarlos de las penas eternas”. ¿No estás contenta por ello?”
(8) Y yo: “Jesús, Jesús, me siento demasiado indigna, creo que es un gran error tuyo el
elegirme a mí, pobrecilla, por eso fíjate bien en lo que haces”. Y Jesús interrumpiendo mi hablar
ha agregado:
(9) “¿Por qué temes? Sí, sí, me he fijado por más de treinta y dos años de cama en la que te
he tenido, te he expuesto a muchas pruebas y aún a la muerte; he calculado todo y además, si
me equivoco sería una equivocación de tu Jesús, que jamás podría hacerte mal, sino un bien
inmenso; pero has de saber que tendré el honor, la gloria de la primera alma estigmatizada en
mi Querer”.
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12-94
Marzo 18, 1919
Jesús, en su concepción concibió a todas las
almas, las penas y las muertes de todas ellas.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús, haciéndose ver, me ha atraído
en la inmensidad de su Santísimo Querer, en el cual me hacía ver como en acto su concepción
en el seno de la Mamá Celestial. ¡Oh Dios, qué abismo de amor! Y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, ven a tomar parte en las primeras muertes y en las penas que sufrió
mi pequeña Humanidad por parte de mi Divinidad en el acto de mi concepción. En cuanto fui
concebido concebí junto Conmigo todas las almas, pasadas, presentes y futuras, como mi propia
Vida, y concebí al mismo tiempo las penas y las muertes que por cada una debía sufrir. Debía
incorporar todo en Mí, almas, penas y muertes que cada una debía sufrir, para decir al Padre:
“Padre mío, no verás más a la criatura, sino sólo a Mí, y en Mí encontrarás a todos y Yo daré
satisfacción por todos. Cuantas penas quieras, te las daré; quieres que sufra cada una de las
muertes de cada uno, las sufriré; todo acepto con tal de que des vida a todos”. He aquí por qué
se necesitaba un Querer y un poder divino, para darme tantas muertes y tantas penas, y un
poder y Querer divino para hacerme sufrir; y como en mi Querer están en acto todas las almas
y todas las cosas, así que no en modo abstracto o intencional como alguno puede pensar, sino
en realidad, tenía en Mí a todas fundidas Conmigo, formaban mi misma Vida, en realidad moría
por cada uno y sufría las penas de todos. Es verdad que concurría un milagro de mi
omnipotencia, el prodigio de mi inmenso Querer; sin mi Voluntad mi Humanidad no habría podido
encontrar y abrazar a todas las almas, ni habría podido morir tantas veces. Por esto mi pequeña
Humanidad, en cuanto fue concebida comenzó a sufrir alternativamente las penas y las muertes,
y todas las almas nadaban en Mí como dentro de un vastísimo mar, formaban miembros de mis
miembros, sangre de mi sangre, corazón de mi corazón. Cuántas veces mi Mamá, tomando el
primer puesto en mi Humanidad, sentía mis penas y mis muertes y por esto moría junto Conmigo,
cómo me era dulce encontrar en el amor de mi Mamá el eco del mío, son misterios profundos
donde la inteligencia humana, no comprendiendo bien, parece que se pierde, por eso ven en mi