sus puntos, por tanto fructificaría mucho más, pero como es movible y está formada por alturas
y profundidades, no recibe igual la luz y el calor del sol, y ahora queda una parte en la oscuridad,
y ahora otra, otros puntos reciben poco la luz del sol, muchos terrenos se vuelven estériles
porque los montes con sus alturas impiden que la luz y el calor del sol penetren hasta sus
profundidades, y cuántos, cuántos otros inconvenientes. Ahora hija mía, te digo que la tierra es
imagen de quien no vive en mi Querer, los actos humanos la vuelven movible, las debilidades,
las pasiones, los defectos, forman las montañas, las profundidades donde se forman cuevas de
vicios, así que su movilidad les ocasiona oscuridad, frío, y si alguna poca de luz gozan, es a
intervalos, porque las montañas de sus pasiones se interponen a la luz. ¡Cuánta miseria para
quien no vive en mi Querer! En cambio para quien vive en mi Voluntad, mi Querer la vuelve fija
y le allana todas las montañas de las pasiones, en modo de hacerla toda una llanura, y el sol de
mi Querer le arroja dardos como quiere, y no hay rinconcito donde no resplandezca su Luz. Qué
maravilla entonces si el alma se hace más santa en un día que viva en mi Querer, que en cien
años fuera de mi Voluntad”.
+ + + +
12-93
Marzo 14, 1919
Efectos de un sufragio. Participación en las penas
que la Divinidad dio a la Humanidad de Jesús.
Primera alma estigmatizada en el Querer Divino.
(1) Mientras me encontraba en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y
veía a mi confesor difunto; un pensamiento me ha pasado por la mente: “Pregunta si aquello
que no has dicho al confesor estás obligada a decirlo, y por tanto a escribirlo o no”. Yo le he
preguntado diciéndole qué cosa era y él me ha dicho:
(2) “Ciertamente estás obligada”.
(3) Después ha agregado: “Tú una vez me hiciste un bello sufragio, si supieras el bien que
me hiciste, el refrigerio que sentí, los años que desconté”.
(4) Y yo: “No recuerdo, dime cuál fue y te lo repito”.
(5) Y él: “Entraste en el Querer Divino y tomaste su poder, la inmensidad de su amor, el valor
inmenso de las penas del Hijo de Dios y de todas las cualidades divinas, luego viniste y todo lo
derramaste sobre mí, y conforme tú me lo derramabas, yo recibía el baño del amor que contiene
el poder divino, el baño de la belleza, el baño de la sangre de Jesús y de todas las cualidades
divinas; ¿quién te puede decir el bien que me hiciste? Todos eran baños que contenían un
poder y una inmensidad divina; repítemelo, repítemelo”.
(6) Mientras esto decía me he encontrado en mí misma. Ahora, para obedecer y con suma
confusión y repugnancia digo lo que había dejado de decir y escribir: Recuerdo que un día mi
dulce Jesús, hablándome de su Santísimo Querer y de las penas que la Divinidad hacía sufrir a
su santísima Humanidad en su Voluntad, me dijo:
(7) “Hija mía, como te he escogido por primera para hacer vida en mi Querer, quiero que
también tomes parte en las penas que recibía mi Humanidad de mi Divinidad en mi Voluntad.
Cada vez que entres en mi Querer encontrarás las penas que me dio la Divinidad, no las que
me dieron las criaturas, si bien también queridas por la Voluntad Eterna, pero como me las dieron
las criaturas, eran en modo finito. Por eso te quiero en mi Querer, donde encontrarás penas en
modo infinito e innumerables, tendrás clavos sin número, múltiples coronas de espinas, muertes
repetidas, penas sin termino, todas similares a las mías, en modo divino e inmensas, que se