(5) Yo he entrado en Jesús, y hacía lo que hacía Jesús. ¡Oh, cómo veía con claridad lo que
Él me había dicho! Con Él quedaba multiplicada en todos, también en los santos. Pero volviendo
en mí misma una duda se ha suscitado en mí, y Jesús ha agregado:
(6) “Un solo acto de mi Voluntad, y aun un solo instante, está lleno de Vida creadora, y quien
contiene esta Vida, en ese instante puede dar vida a todo y conservar todo, así que de este solo
acto de mi Voluntad, el sol recibe la vida de la luz, la tierra su conservación, las criaturas la vida;
¿por qué dudas tú entonces? Y además, tengo mi corte en el Cielo, pero quiero otra sobre la
tierra. ¿Adivinas tú quién formará esta corte?”
(7) Y yo: “Las almas que vivirán en tu Querer”.
(8) Y Él: “Bravo, son propiamente ellas, que sin la sombra del interés y de la santidad
personal, sino toda divina, vivirán para bien de sus hermanos y harán un solo eco con el Cielo”.
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12-86
Febrero 20, 1919
En cada cosa creada, Dios ponía una relación, un canal de gracias,
un amor especial entre la Majestad Suprema y la criatura.
(1) Continuando mi habitual estado me la he pasado junto con mi dulce Jesús, y ahora se
hacía ver como niño, ahora crucificado, y transformándome en Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, entra en Mí, en mi Divinidad, y corre en mi eterna Voluntad, y ahí encontrarás la
potencia creadora como en acto de crear la máquina de todo el universo. En cada cosa que
creaba ponía una relación, un canal de gracias, un amor especial entre la Majestad Suprema y
la criatura, pero como la criatura no tomaría en cuenta estas relaciones, estas gracias, este
amor, debería haber suspendido la Creación no reconocida ni apreciada, pero al ver a mi
Humanidad que tan bien debía apreciarla, y que por cada cosa creada iba a tener sus relaciones
con el Eterno, iba a reconocerlo, a amarlo, no sólo por Ella sino por toda la familia humana, no
miró la culpa de los otros hijos, y con sumo contento distendió el cielo, tapizándolo de estrellas,
sabiendo que aquellas estrellas debían ser tantas y variadas relaciones, gracias sin número, ríos
de amor que debían correr entre mi Humanidad y el Ente Supremo. El Eterno miró el cielo y
quedó contento al ver las inmensas armonías, las comunicaciones de amor que abrió entre el
Cielo y la tierra, por eso siguió adelante, y con una sola palabra creadora creó en este cielo el
sol como relator continuo de su Ser Supremo, dotándolo de luz, de calor, dejándolo suspendido
entre el cielo y la tierra en acto de regir todo, de fecundar, calentar, iluminar todo, y que con su
ojo de luz indagador parece que dice a todos: “Yo soy el más perfecto predicador del Ser Divino;
miradme y lo reconoceréis, Él es luz inmensa, es amor interminable, da vida a todo, no tiene
necesidad de nada, ninguno lo puede tocar; mírenme bien y lo reconoceréis, yo soy su sombra,
el reflejo de su Majestad, su relator continuo”. ¡Oh, qué océanos de amor, de relaciones se
abrieron entre mi Humanidad y la Majestad Suprema! Así que cada cosa que tú ves, hasta la
más pequeña florecita del campo, era una relación más entre la criatura y el Creador, por eso
era justo que por cada cosa quería un reconocimiento, un amor de más por parte de las criaturas.
Yo me sustituí a todo, la reconocí y adoré por todos a la potencia creadora; pero mi amor ante
tanta bondad no está contento, quisiera que otras criaturas reconocieran, amaran y adoraran a
esta potencia creadora, y por cuanto a criatura es posible tomaran parte en estas relaciones que
el Eterno ha esparcido en todo el mundo, y a nombre de todos rindieran homenaje a este acto
de creación del Eterno; ¿pero sabes tú quién puede rendir este homenaje? Las almas que viven