en mi Querer, porque conforme entran en Él encuentran como en acto todos los actos de la
Majestad Suprema, y encontrándose esta Voluntad en todo y en todos, quedan multiplicados en
todo y pueden rendir honor, gloria, adoración, amor por todos. Por eso ven en mi Querer, ven
junto Conmigo ante la Alteza Divina, a rendir, tú la primera, los homenajes debidos como
Creador de todo”.
(3) Yo no sé decir cómo he entrado en este Divino Querer, pero siempre junto con mi dulce
Jesús, y veía a esta Suprema Majestad en acto de hacer salir todo lo creado. ¡Oh Dios, qué
amor! Cada cosa creada recibía la marca del amor, la llave de comunicación, el mudo lenguaje
para hablar elocuentemente de Dios, ¿pero a quién? A la criatura ingrata. Pero yo no sé
continuar diciéndolo, mi pequeña inteligencia se perdía al ver tantos canales abiertos de
comunicación, el amor inmenso que salía de ellos, y la criatura que hacía como extraños todos
estos bienes. Entonces, junto con Jesús, multiplicándonos en todos hemos adorado, agradecido
y reconocido a nombre de todos a la potencia creadora, y el Eterno recibía la gloria de la
Creación.
(4) Jesús ha desaparecido y yo he vuelto en mí misma.
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12-87
“”Febrero 24, 1919
El hombre, obra maestra de la Potencia creadora.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, el bendito Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, nada has dicho de la creación del hombre, de la obra maestra de la potencia
creadora, donde el Eterno, no a gotitas, sino a olas, a ríos ponía su amor, su belleza, su maestría,
y llevado por el exceso de amor se ponía a Sí mismo como centro del hombre; pero Él quería al
hombre como una digna habitación, ¿qué hace entonces esta Majestad increada? Crea al
hombre a su imagen y semejanza, y desde el fondo de su amor hace salir un respiro, y con su
aliento omnipotente le infunde la vida, dotando al hombre de todas sus cualidades,
proporcionadas a criatura, haciéndolo un pequeño dios. Así que todo lo que ves en lo creado
es nada en comparación a la creación del hombre; ¡oh! cuántos cielos, estrellas y soles mucho
más bellos extendía en el alma creada, cuánta variedad de belleza, cuántas armonías, basta
decir que miró al hombre creado y lo encontró tan bello, que se enamoró de él, y celoso de este
su portento, Él mismo se hizo custodio y poseedor del hombre y dijo: “Todo lo he creado para
ti, te doy el dominio de todo, todo es tuyo, y tú serás todo mío”. Tú no podrás comprender del
todo los mares de amor, las relaciones íntimas y directas, la semejanza que corre entre Creador
y criatura, ¡ah! hija de mi corazón, si la criatura conociera cuán bella es su alma, cuántas dotes
divinas contiene, y cómo entre todas las cosas creadas sobrepasa a todo en belleza, en
potencia, en luz, tanto, que se puede decir: “Es un pequeño dios y un pequeño mundo que todo
en sí contiene”. ¡Oh! cómo ella misma se estimaría de más, y no ensuciaría con la más leve
culpa una belleza tan singular, un prodigio tan portentoso de la potencia creadora. Pero la
criatura, casi ciega en el conocerse a sí misma, y mucho más ciega en el conocer a su Creador,
se va ensuciando con mil suciedades, de desfigurar la obra del Creador, tanto, que difícilmente
se reconoce. Piensa tú misma cuál es nuestro dolor; por eso ven en mi Querer, y junto Conmigo
ven a sustituir por nuestros hermanos delante al trono del Eterno, por todos los actos que
deberían hacer por haberlos creado como un prodigio de amor de su omnipotencia, y sin
embargo tan ingratos”.
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