(2) “Hija mía, ¿por qué te inquietas? ¿No es acaso mi costumbre elegir de entre el polvo y
formar de él grandes portentos, prodigios de Gracia? Todo el honor es mío, y cuanto más débil
e ínfimo el sujeto, tanto más quedo en él glorificado. Y además, mi Mamá no entra en la parte
secundaria de mi amor, de mi Querer, sino que forma un solo anillo Conmigo, y también es cierto
que tengo muchas almas queridísimas por Mí, pero esto no excluye que pueda elegir a una en
vez de otra a la altura de un oficio, y no sólo de oficio, sino altura tal de santidad, cual conviene
para vivir en mi Querer. Las gracias que no eran necesarias a los demás a quienes no llamaba
a vivir en esta inmensidad de santidad de mi Voluntad, son necesarias para ti, a quien elegí
desde la eternidad. En estos tiempos tan tristes te elegí a ti, para que viviendo en mi Querer me
dieras amor divino, reparaciones y satisfacciones divinas, las cuales se encuentran sólo en el
vivir en mi Querer. Los tiempos, mi amor, mi Querer lo requería, el desahogarme más en amor
ante tanta impiedad humana, ¿no puedo acaso hacer lo que quiero? ¿Acaso puede atarme
alguien? No, no, por eso tranquilízate y seme fiel”.
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12-84
Febrero 10, 1919
Jesús pregunta a Luisa si quiere vivir en su Querer, si quiere
aceptar el oficio de segundo eslabón con su Humanidad y si
quiere aceptar su Amor como propio y su Querer como Vida.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y tomando mis manos
en las suyas me las ha estrechado, y con una afabilidad majestuosa me ha dicho:
(2) “Hija mía, dime: ¿quieres vivir en mi Querer? ¿Quieres aceptar el oficio de segundo
eslabón con mi Humanidad? ¿Quieres aceptar todo mi amor como tuyo, mi Querer como vida,
mis mismas penas que la Divinidad inflingía a mi Humanidad, las cuales eran tantas, que mi
amor siente una irresistible necesidad no sólo hacerlas conocer, sino de participarlas por cuanto
a criatura es posible? Y sólo puedo hacerlas conocer y participarlas a quien vive en mi Querer,
todo a expensas de mi amor. Hija mía, es mi costumbre pedir el “sí” de la criatura, para después
obrar libremente con ella”.
(3) Jesús ha hecho silencio, como si esperara mi Fiat, y yo he quedado sorprendida y he
dicho:
(4) “Vida mía, Jesús, tu Querer es mío, Tú únelos juntos y forma un solo Fiat, y yo digo “sí”
junto Contigo, y te pido que tengas piedad de mí, mi miseria es grande, y sólo porque Tú lo
quieres yo digo Fiat, Fiat”.
(5) Pero, ¡oh! cómo me sentía aniquilada y pulverizada en el abismo de mi nada, mucho más
porque esta nada era llamada a hacer vida en el Todo. Entonces mi dulce Jesús ha unido los
dos quereres y ha impreso un Fiat, y el mío ha entrado en el Querer Divino y parecía no un sí
humano, sino divino, porque había sido pronunciado en el Querer de Jesús, y este sí en el
Querer Divino se multiplicaba en tantos, por cuantos rechazos hacían todas las criaturas a mi
dulce Jesús. Este sí hacía las más solemnes reparaciones, abrazaba a todos, como si quisiera
llevar a todos a Jesús, sustituyéndose por todos; era un sí que tenía el sello y el poder del Querer
Divino, no pronunciado ni por temor ni por interés de santidad personal, sino sólo por vivir en el
Querer de Jesús y correr en bien de todos y llevar a Jesús gloria, amor, reparaciones divinas.
Mi amable Jesús parecía tan contento por mi sí, que me ha dicho:
(6) “Ahora quiero adornarte y vestirte como Yo, a fin de que junto Conmigo vengas ante la
Majestad del Eterno a repetir mi mismo oficio”.
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