12-82
Febrero 6, 1919
El alma en la Divina Voluntad puede formar
las hostias para alimentar a Jesús.
(1) Estaba fundiéndome toda en mi dulce Jesús, haciendo cuanto más podía por entrar en el
Divino Querer, para encontrar la cadena de mi amor eterno, de las reparaciones, de mi grito
continuo de querer almas, con el cual me cortejaba mi siempre amable Jesús ab eterno, y
queriendo encadenar juntos mi pequeño amor en el tiempo a aquel amor con el cual Jesús me
cortejaba eternamente, para poderle dar amor infinito, reparaciones infinitas, sustituirme a todo,
justo como Jesús me había enseñado. Mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha venido de prisa
y me ha dicho:
(2) “Hija mía, tengo mucha hambre”.
(3) Y parecía que tomaba de dentro de mi boca muchas pequeñas bolitas blancas y se las
comía. Luego, como si quisiera saciarse del todo, ha entrado dentro de mi corazón y con las
dos manos tomaba muchas migajas grandes y pequeñas, y con mucha prisa se las comía;
después, como si estuviera ya satisfecho, se ha apoyado sobre mi cama y me ha dicho:
(4) “Hija mía, conforme el alma va encerrando en ella mi Querer y me ama, en mi Querer me
encierra a Mí, y amándome forma en torno a Mí los accidentes para aprisionarme dentro y forma
una hostia para Mí; así si sufre, si repara, etc., y encierra mi Querer, me forma tantas hostias
para que Yo me comulgue a Mí mismo y sacie mi hambre en modo divino y digno de Mí. Yo, en
cuanto veo formadas estas hostias en el alma, voy a tomarlas para nutrirme, para saciar mi
insaciable hambre que tengo de que la criatura me restituya amor por amor, así que puedes
decirme: Tú te has dado en comunión a mí, también yo me he dado en comunión a Ti”.
(5) Y yo: “Jesús, mis hostias son tus mismas cosas, en cambio las tuyas son cosas tuyas, por
lo tanto yo permanezco siempre por debajo de Ti”.
(6) Y Jesús: “Para quien ama de verdad, Yo no sé, ni quiero hacer cuentas, y además, en
mis hostias es Jesús lo que te doy, y en las tuyas es todo Jesús lo que me das, ¿quieres verlo?”
(7) Y yo: “Si”. Entonces ha extendido su mano en mi corazón y ha tomado una pequeña
bolita blanca, la ha roto y de dentro ha salido otro Jesús.
(8) Y Él: “¿Has visto? ¡Cómo estoy contento cuando la criatura llega a poder darme a Mí
mismo, por eso hazme muchas hostias y Yo vendré a alimentarme en ti; me renovarás el
contento, la gloria, el amor de cuando al instituirme Sacramentado me comulgué a Mí mismo”.
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12-83
Febrero 9, 1919
Temores de Luisa. Jesús le dice que la eligió desde la
eternidad para la Santidad del vivir en la Divina Voluntad.
(1) Retomo lo que está escrito el 29 de enero. Estaba diciendo a mi dulce Jesús: “¿Será
posible que yo sea el segundo anillo de conjunción con tu Humanidad? Hay almas tan queridas
para Ti, ante las cuales yo no merezco ni estar bajo sus pies, y además está tu indivisible Mamá,
la cual ocupa el primer lugar en todo y sobre todo, me parece dulce amor mío que quieres
decirme mentiras, no obstante me veo obligada por la obediencia, con el más grande desgarro
de mi alma, a ponerlo por escrito; Jesús mío, ten piedad de mi duro martirio”. Mientras esto
decía, mi siempre amable Jesús, acariciándome me ha dicho: