impotente para hacerme morir tantas veces por cuantas criaturas habían salido y deberían salir
a la luz de lo creado, y por cuantos pecados mortales habrían tenido la desgracia de cometer.
La Divinidad quería vida por cada vida de criatura, y vida por cada muerte que con el pecado
mortal se daba. ¿Quién podría ser tan potente sobre Mí, para darme tantas muertes, sino mi
Divinidad? ¿Quién habría tenido la fuerza, el amor, la constancia de verme morir tantas veces,
sino mi Divinidad? La criatura se habría cansado y habría desfallecido. Y no creas que este
trabajo de mi Divinidad empezó tarde, por el contrario, empezó en cuanto fue cumplida mi
concepción, desde el seno de mi Mamá, la cual muchas veces tenía conocimiento de mis penas
y quedaba martirizada y sentía la muerte junto Conmigo. Así que desde el seno materno mi
Divinidad tomó el empeño de verdugo amoroso, pero precisamente por amoroso más exigente
e inflexible, tanto, que ni siquiera una espina fue dispensada a mi gimiente Humanidad, ni un
clavo, pero no como las espinas, los clavos, los flagelos que sufrí en la Pasión que me dieron
las criaturas, que no se multiplicaban, cuantos me ponían, tantos quedaban; en cambio, los de
mi Divinidad se multiplicaban por cada ofensa, así que tantas espinas por cuantos pensamientos
malos, tantos clavos por cuantas obras indignas, tantos golpes por cuantos placeres, tantas
penas por cuantas fueron las ofensas; por eso eran mares de penas, de espinas, de clavos, de
golpes innumerables. Delante a la Pasión que me dio la Divinidad, la Pasión que me dieron las
criaturas el último de mis días no fue otra cosa que sombra, imagen de lo que me hizo sufrir mi
Divinidad en el curso de mi Vida, por eso amo tanto a las almas, son vidas que me cuestan, son
penas inconcebibles a mente creada, por eso entra dentro de mi Divinidad y mira y toca con la
mano lo que sufrí”.
(3) Yo no sé como me encontraba dentro de la inmensidad Divina, que erigía tronos de justicia
por cada criatura, a lo cual el dulce Jesús debía responder por cada acto de criatura, sufrir las
penas, la muerte, pagar el precio de todo; y Jesús como dulce corderito quedaba muerto por las
manos divinas, para resurgir y sufrir otras muertes. ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios, qué penas tan
desgarradoras, morir para resurgir y resurgir para someterse a muertes más dolorosas! Yo me
sentía morir al ver muerto a mi dulce Jesús. Tantas veces hubiera querido evitar una sola muerte
a Aquél que tanto me ama. ¡Oh, cómo comprendía bien que sólo la Divinidad podía hacer sufrir
tanto a mi dulce Jesús, y que sólo Ella podía gloriarse de haber amado a los hombres hasta la
locura y el exceso, con penas inauditas y con amor infinito! Por eso, ni el ángel ni el hombre
tenían en su mano este poder, de poder amarnos con tanto heroísmo de sacrificio como un Dios.
¿Pero quién puede decirlo todo? Mi pobre mente nadaba en aquel mar inmenso de luz, de amor
y de penas, y yo quedaba como ahogada sin saber salir de él; y si mi amable Jesús no me
hubiera atraído al pequeño mar de su Santísima Humanidad, en el que la mente no quedaba tan
sumergida sin poder ver ningún confín, yo no habría podido decir ni nada. Después de esto mi
dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija amada, parto de mi Vida, ven en mi Voluntad, ven a ver cuánto hay que sustituir a
tantos actos míos suspendidos aún y no sustituidos por parte de las criaturas. Mi Voluntad debe
ser en ti como la primera rueda del reloj, si ella camina todas las demás ruedas caminan, y el
reloj señala las horas, los minutos, así que todo el acuerdo está en el movimiento de la primera
rueda, y si la primera rueda no tiene movimiento, queda detenido. Así, la primera rueda en ti
debe ser mi Voluntad, que debe dar movimiento a tus pensamientos, a tu corazón, a tus deseos,
a todo, y como mi Voluntad es la rueda central de mi Ser, de la Creación, y de todo, tu
movimiento saliendo de este centro vendrá a sustituir a tantos actos de las criaturas,
multiplicándose en los movimientos de todos, como movimiento central, vendrá a poner a mi
Trono por parte de las criaturas, los actos de ellas, sustituyéndose a todo. Por eso sé atenta, tu
misión es grande, es toda divina”.
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