la de Jesús sobre la cruz, cuando lo he escuchado en mi interior, que uniendo las manos y con
voz articulada ha dicho:
(2) “Padre mío, acepta el sacrificio de esta hija mía, el dolor que siente por mi privación, ¿no
ves cómo sufre? El dolor la deja como sin vida, privada de Mí, tanto, que si bien escondido
estoy obligado a sufrirlo junto con ella para darle fuerza, de otra manera sucumbiría. ¡Ah! Padre,
acéptalo unido al dolor que experimenté sobre la cruz cuando fui abandonado aun por Ti, y
concede que la privación que siente de Mí sea luz, conocimiento, Vida Divina en las demás
almas y todo lo que conseguí Yo con mi abandono”.
(3) Dicho esto se ha escondido de nuevo. Yo me sentía petrificada por el dolor, y si bien
llorando, he dicho: “Vida mía, Jesús, ¡ah! sí, dame las almas, y el vínculo más fuerte que te
obligue a dármelas sea la pena desgarradora de tu privación, y esta pena corre en tu Voluntad
a fin de que todos sientan el toque de mi pena y mi grito incesante y se rindan”. Después, ya en
la tarde, el bendito Jesús ha venido y ha agregado:
(4) “Hija y refugio mío, qué dulce armonía hacía hoy tu pena en mi Voluntad. Mi Voluntad está
en el Cielo, y tu pena encontrándose en mi Voluntad armonizaba en el Cielo y con su grito pedía
almas a la Trinidad Sacrosanta, y mi Voluntad corriendo en todos los ángeles y santos, hacía
que tu pena les pidiera almas a todos, tanto que todos han quedado tocados por tu armonía, y
junto con tu pena todos han gritado ante mi Majestad: “¡Almas, almas!” Mi Voluntad corría en
todas las criaturas y tu pena ha tocado todos los corazones y ha gritado a todos: “¡Salvaos,
salvaos!” Mi Voluntad se concentraba en ti y como refulgente sol se ponía como guardia de
todos para convertirlos. Mira qué gran bien, sin embargo, ¿quién se ocupa en conocer el valor,
el precio incalculable de mi Querer?”
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12-77
Enero 8, 1919
El Divino Querer tiene el poder de volver
infinito todo lo que entra en la Divina Voluntad.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba muy afligida, privada de mi dulce Jesús; pero de
improviso ha venido, cansado y afligido, casi buscando refugio en mi corazón para sustraerse
de las graves ofensas que le hacían, y dando un suspiro me ha dicho:
(2) “Hija mía, escóndeme, ¿no ves cómo me persiguen? ¡Ay de Mí! Me quieren echar fuera,
o bien darme el último lugar. Hazme desahogar, desde hace muchos días no te he dicho nada
de la suerte del mundo ni de los castigos que me arrancan con su maldad, y toda la pena está
concentrada en mi corazón. Quiero decírtela para que tomes parte en ella y así dividiremos
juntos la suerte de las criaturas, para poder rezar, sufrir y llorar juntos por el bien de ellas.
(3) ¡Ah, hija mía, habrá contiendas entre ellas, la muerte cosechará muchas vidas, aun de
sacerdotes! ¡Oh! cuántas mascaras vestidas de sacerdotes, las quiero quitar antes de que surja
la persecución a mi Iglesia y las revoluciones, tal vez se conviertan en el momento de la muerte;
de otra manera, si las dejo, estas mascaras en la persecución se las quitarán, se unirán a los
sectarios y serán los más fieros enemigos de la Iglesia, y su salvación resultará aún más difícil”.
(4) Y yo muy afligida he dicho: “¡Ah mi Jesús! Que pena oírte hablar de estos benditos
castigos, ¿pero los pueblos cómo harán sin sacerdotes? Ya son demasiado pocos y quieres
quitar otros, ¿quién administrará los sacramentos, quién enseñará tus leyes?”
(5) Y Jesús: “Hija mía, no te aflijas demasiado, lo escaso del número es nada, Yo daré a uno
la gracia, la fuerza que doy a diez, a veinte, y uno valdrá por diez o por veinte, Yo a todo puedo
suplir; y además, los muchos sacerdotes no buenos son el veneno de los pueblos, en lugar de
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