(2) “Hija mía, ¿por qué no escribes? Mi palabra es luz, y así como el sol resplandece en todos
los ojos, de modo que todos tienen luz suficiente para todas sus necesidades, así cada palabra
mía es más que un sol, que puede ser luz suficiente para iluminar cualquier mente y enfervorizar
cualquier corazón. Así que cada palabra mía es un sol que sale de Mí, que por ahora te sirve
sólo a ti, pero escribiéndola servirá para otros; y tú no escribiéndola vienes a sofocar este sol en
Mí, y a impedir el desahogo de mi amor y todo el bien que podría hacer un sol”.
(3) Y yo: “¡Ah, Jesús mío! ¿Quién irá a valorar las palabras que Tú me dictas?”
(4) Y Él: “Esto no debe interesarte a ti, sino a Mí, y aunque no fueran valoradas, lo que no
será, los tantos soles de mis palabras surgirán majestuosos, poniéndose para bien de todos; en
cambio, si no las escribes impides que el sol surja, y harías tanto mal como uno que pudiera
impedir que el sol surgiera sobre el cielo azul, ¿cuántos males no haría a la tierra? Él a la
naturaleza, y tú a las almas. Además, es gloria del sol resplandecer majestuoso y tomar como
en un puño la tierra y a todos con su luz, el mal es para quien no la aprovecha. Así será del sol
de mis palabras, será gloria mía el hacer surgir tantos diferentes soles encantadores y bellos
por cuantas palabras digo, el mal será para quien no las aproveche”.
+ + + +
12-75
Enero 2, 1919
Así como en Jesús, en las almas todo debe callar.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús se hacía ver bajo una tempestad de golpes, y con
su dulce mirada me miraba pidiéndome ayuda y refugio. Yo me he arrojado hacia Él para quitarlo
de aquellos golpes y encerrarlo en mi corazón, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Humanidad bajo los golpes de los flagelos callaba, y no sólo callaba la boca,
sino todo en Mí callaba: Callaba la estima, la gloria, la potencia, el honor; pero con mudo
lenguaje hablaban elocuentemente mi paciencia, las humillaciones, mis llagas, mi sangre, el
aniquilamiento casi hasta el polvo de mi Ser; y mi amor ardiente por la salud de las almas ponía
un eco a todas mis penas. He aquí hija mía el verdadero retrato de las almas amantes, todo
debe callar en ellas y en torno a ellas: Estima, gloria, placeres, honores, grandezas, voluntad,
criaturas, y si las hubiera, debe estar como sorda y como si nada viera, en cambio debe hacer
entrar en ella mi paciencia, mi gloria, mi estima, mis penas, y en todo lo que hace, piensa, ama,
no será otra cosa que amor, el cual tendrá un solo eco con el mío y me pedirá almas. Mi amor
por las almas es grande, y como quiero que todos se salven, por eso voy en busca de almas
que me amen y que tomadas por las mismas ansias de mi amor, sufran y me pidan almas. Pero,
¡ay de Mí, qué escaso es el número de los que me escuchan!”
+ + + +
Efectos de las penas sufridas en la Voluntad de Dios.
12-76
Enero 4, 1919
(1) Continuando mi habitual estado, estaba toda afligida por la privación de mi dulce Jesús,
sin embargo trataba de estarme unida con Él haciendo las horas de la Pasión, estaba haciendo