y por mi Mamá en la tierra. Así el alma oculta, íntima Conmigo, en cuanto reza, si ningún sonido
se escucha en la tierra, sus oraciones como campanas suenan más vibrantes en el Cielo, y
llaman a todo el Cielo a unirse con ella y hacer descender misericordia a la tierra, que sonando
no al oído, sino a los corazones de las criaturas, las dispongan a convertirse”.
+ + + +
12-73
Diciembre 25, 1918
Jesús repite su Vida en el alma.
(1) Continuando mi habitual estado, me sentía toda afligida por varias razones, y el bendito
Jesús ha venido y casi compadeciéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, no te oprimas demasiado, ánimo, Yo estoy contigo, más bien estoy en ti
continuando mi Vida, esta es la causa por la que ahora sientes el peso de la justicia y quisieras
que se descargara sobre ti, ahora la dolorosa separación de las almas que quieren perderse,
ahora sientes el ansia de amarme por todos, pero viendo que no tienes amor suficiente te arrojas
en mi amor y tomas tanto amor por cuanto me deberían amar todos, y haciendo oír tu voz
vibrante me amas por todos; y todo lo demás que haces, ¿crees que eres tú quien lo hace? De
ninguna manera, soy Yo, soy Yo que repito mi Vida en ti; siento la necesidad de ser amado por
ti, no con amor de criatura sino con el mío, por eso te transformo, te quiero en mi Querer, porque
en ti quiero encontrar quien me supla a Mí y a todas las criaturas; te quiero como un órgano que
se preste a emitir todos los sonidos que quiero hacer”.
(3) Y yo: “Amor mío, hay ciertos tiempos en los que se vuelve tan amarga la vida,
especialmente por las condiciones en las que me has puesto”. Y Jesús, conociendo lo que quería
decirle ha agregado:
(4) “¿Y tú de qué temes? Soy Yo quien pensará en todo, y cuando te dirige uno, doy la gracia
a éste; cuando sea otro, se la daré a ese otro; además no son ellos quienes te asisten, sino Yo
mismo, y según ellos aprecien mi obra, mis palabras y enseñanzas, así seré magnánimo con
ellos”.
(5) Y yo: “Jesús mío, el confesor apreciaba mucho lo que Tú me decías, y ha trabajado tanto
para hacerme escribir, Tú, ¿qué le darás?”
(6) Y Jesús: “Hija mía, le daré el Cielo como recompensa y lo tendré en cuenta en el oficio de
San José y de mi Mamá, quienes habiéndome asistido en mi Vida en la tierra debieron sufrir
fatigas para alimentarme y asistirme. Ahora, estando mi Vida en ti, su asistencia y sacrificios
los considero como si de nuevo me los hicieran mi Mamá y San José. ¿No estás contenta?”
(7) Y yo: “Gracias, oh Jesús”.
+ + + +
12-74
Diciembre 27, 1918
La palabra de Jesús es sol.
(1) En estos días pasados no había escrito nada de lo que Jesús me había dicho; sentía un
desgano, y Jesús al venir me ha dicho:
705 sig