(8) Yo me sentía mal al ver a Jesús tan amargado, sentía sus penas en mi corazón, y Jesús
para darme alivio me ha dado a beber pocos sorbos de una leche dulcísima, y después ha
agregado:
(9) “Yo me retiro y te dejo libre”.
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12-71
Diciembre 4, 1918
Efectos de la prisión de Jesús en la Pasión.
(1) Esta noche la he pasado junto con Jesús en la prisión, lo compadecía, me estrechaba a
sus rodillas para sostenerlo, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, en mi Pasión quise sufrir también la prisión para liberar a la criatura de la prisión
de la culpa. ¡Oh! qué prisión horrenda es para el hombre el pecado, sus pasiones lo encadenan
como vil esclavo, y mi prisión y mis cadenas lo liberaban y lo desataban. Para las almas amantes
mi prisión les formaba la prisión de amor, donde están al seguro y defendidas de todos y de
todo, y las escogía para tenerlas como prisiones y tabernáculos vivientes, que me debían
calentar de las frialdades de los tabernáculos de piedra, y mucho más de las frialdades de las
criaturas, que aprisionándome en ellas me hacen morir de frío y de hambre; he aquí por qué
muchas veces dejo las prisiones de los tabernáculos y vengo a tu corazón, para calentarme del
frío, para restablecerme con tu amor, y cuando te veo ir en busca de Mí a los tabernáculos de
las iglesias, Yo te digo: ¿No eres tú mi verdadera prisión de amor para Mí? Búscame en tu
corazón y ámame”.
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12-72
Diciembre 10, 1918
Efectos de las oraciones de las almas íntimas con Jesús.
(1) Estaba diciendo a mi dulce Jesús: “Mira, yo no sé hacer nada ni tengo nada que darte,
pero sin embargo quiero darte también mis naderías y las uno al Todo que eres Tú, y te pido
almas, así que conforme respiro, mis respiros te piden almas; el latido de mi corazón con grito
incesante te pide almas; el movimiento de mis brazos, la sangre que circula en mí, el movimiento
de mis párpados, el mover de los labios, son almas que piden, y esto lo pido unida Contigo, con
tu amor y en tu Querer, a fin de que todos puedan escuchar mi grito incesante que en Ti siempre
pide almas”. Ahora, mientras esto y otras cosas decía, mi Jesús se ha movido en mi interior y
me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo me es dulce y agradable la oración de las almas íntimas Conmigo, siento
repetir mi Vida oculta en Nazaret, sin ninguna exterioridad, sin gente alrededor, sin sonido de
campanas, todo inobservado, solo, tanto, que apenas si era conocido. Yo me elevaba entre el
Cielo y la tierra y pedía almas, y ni siquiera un respiro ni un latido se me escapaba en que no
pidiera almas, y en cuanto esto hacía, mi sonido resonaba en el Cielo y atraía el amor del Padre
a cederme las almas, y este sonido haciendo eco en los corazones gritaba con voz sonora:
“Almas”. Cuántas maravillas no obré en mi Vida oculta sólo conocidas por mi Padre en el Cielo