12-69
Noviembre 16, 1918
Las humillaciones son fisuras por las cuales entra la luz.
(1) Continuando mi habitual estado, mi dulce Jesús ha venido y parecía que sentía un fuerte
dolor en el corazón, y pidiéndome ayuda me ha dicho:
(2) “Hija mía, qué cadenas de delitos en estos días, qué triunfo satánico, la prosperidad del
impío es la señal más mala, y son empujones con los cuales la fe parte de sus naciones,
quedando como atrapados dentro de una oscura prisión; en cambio las humillaciones al impío
son tantas fisuras por las cuales entra la luz, que haciéndolo reentrar en sí mismo le lleva la fe
a él y a las mismas naciones. Así que les hará más bien las humillaciones que cualquier victoria
y conquista. ¡Qué momentos críticos y dolorosos atravesarán! El infierno y los malvados se
roen de rabia por comenzar sus embrollos y maldades. ¡Pobres hijos míos, pobre Iglesia mía!”
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12-70
Noviembre 29, 1918
Quien sale de la Divina Voluntad, sale de la luz.
(1) Encontrándome en mi habitual estado estaba rogando a mi siempre amable Jesús, que
hoy, como me había prometido la otra vez, que cuando el alma hace siempre su Voluntad,
alguna vez permite que Él haga la voluntad del alma; así que le decía: “Hoy justamente debes
hacer mi voluntad”.
(2) Y Jesús al venir me ha dicho: “Hija mía, ¿no sabes tú que el alma saliendo de mi Voluntad
es para ella como un jornada sin sol, sin calor, sin la vida de la actitud divina en ella?”
(3) Y yo: “Amor mío, el Cielo me guarde de hacer esto, preferiría morir que salir de tu Voluntad,
por eso pon tu Voluntad en mí y luego dime que: Es Voluntad mía que hoy Yo haga tu voluntad”.
(4) Y Jesús: “Ah! traviesa, está bien, te contento, te tendré Conmigo hasta que quiera, y
después Yo mismo te dejaré libre”.
(5) ¡Oh, cómo he quedado contenta de que sin hacer mi voluntad, Jesús, fundiendo su
Voluntad a la mía, haciendo la Suya hacía la mía!
(6) Después, mi amable Jesús se ha entretenido conmigo y parecía que mojaba la punta de
su dedo en su preciosísima sangre y lo pasaba por la frente, los ojos, la boca, el corazón, y
después me ha besado. Yo al verlo tan afectuoso y dulce he tratado de chupar de su boca las
amarguras que contenía su corazón, como lo hacía antes, pero Jesús rápidamente se ha alejado
un poco y me hacía ver un envoltorio que tenía en las manos, lleno de otros flagelos y me ha
dicho:
(7) “Mira cuantos otros flagelos hay para verter sobre la tierra, por eso no derramo en ti. Los
enemigos han preparado todos los planos internos para hacer revoluciones, ahora no queda
otra cosa que terminar de preparar los planos externos. ¡Ah, hija mía, cómo me duele el corazón,
no tengo con quién desahogar mi dolor, por eso quiero desahogarlo contigo! Tú tendrás
paciencia para oírme hablar frecuentemente de cosas tristes; sé que tú sufres por esto, pero es
el amor el que a esto me empuja. El amor quiere hacer saber sus penas a la persona amada;
casi no sabría estar si no viniera a desahogarme contigo”.
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