12-67
Noviembre 7, 1918
El alma que hace la Voluntad de Dios, aprisiona a Jesús.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba diciendo a mi dulce Jesús que si quería que
saliera de mi habitual estado, que cómo era posible que después de tanto tiempo no me
contentara en esto, y Él me ha dicho:
(2) “Hija, quien hace mi Voluntad y vive en mi Querer, pero no por poco tiempo, sino por un
período de vida, me forma como una prisión en su corazón, toda de mi Voluntad, así que al ir
haciendo mi Voluntad y tratando de vivir en mi Querer, así va levantando los muros de esta
divina y celestial prisión, y Yo con sumo contento mío me quedo prisionero dentro, y conforme
el alma me absorbe a Mí, Yo la absorbo a ella en Mí, de manera de formar en Mí su prisión; así
que ella ha quedado aprisionada en Mí y Yo aprisionado en ella; entonces, cuando el alma quiere
alguna cosa, Yo le digo: “Tú has hecho siempre mi Voluntad, es justo que Yo alguna vez haga
la tuya”. Mucho más, que viviendo esta alma de mi Voluntad, lo que quiere puede ser fruto,
deseo de mi misma Voluntad que vive en ella, por eso no te preocupes, cuando sea necesario
Yo haré tu voluntad”.
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12-68
Noviembre 15, 1918
Cómo se vive a expensas de la Santidad de Jesús.
(1) Estaba pensando qué sería mejor, pensar en santificarse a sí misma, o bien ocuparse
solamente ante Jesús de repararlo, y a cualquier costo buscar junto con Él la salvación de las
almas, y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien piensa sólo en repararme y en salvar las almas, vive a expensas de mi
Santidad. Viendo Yo que el alma no quiere otra cosa que repararme, y que haciendo eco a mi
ardiente latido me pide almas, Yo veo en ella las características de mi Humanidad, y loco por
ella la hago vivir a expensas de mi Santidad, de mis deseos, de mi amor, a expensas de mi
fuerza, de mi sangre, de mis llagas, etc., puedo decir que pongo a su disposición mi Santidad,
sabiendo que no quiere otra cosa sino lo que quiero Yo. En cambio quien piensa en santificarse
sólo a sí misma, vive a expensas de su santidad, de su fuerza, de su amor, ¡oh, cómo crecerá
miserable, sentirá todo el peso de su miseria y vivirá en continua lucha consigo misma. En
cambio quien vive a expensas de mi Santidad, su camino será placido, vivirá en paz consigo
misma y Conmigo, Yo le vigilaré los pensamientos y cada una de las fibras de su corazón, y
seré celoso de que ni una sola fibra deje de pedirme almas, y de que su ser deje de estar
continuamente derramándose en Mí para repararme. ¿No adviertes tú este mi celo?”
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