lo que Yo quería. Por eso déjame hacer también tú lo que quiero hacer en ti, déjame libre y Yo
desarrollaré mi Vida”.
(3) Otro día me lamentaba y le decía: “Cómo, ¿me has dejado?
(4) Y Jesús, serio e imponente me ha dicho: “Calla, no digas tonterías, no te he dejado, estoy
en el fondo de tu alma, por eso no me ves y cuando me ves es porque salgo a la superficie de
tu alma. No te distraigas, Yo te quiero toda atenta en Mí para poderte tener para bien de todos”.
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12-59
Agosto 12, 1918
La pasión predominante de Luisa, que Jesús la
libere del estado en el cual su Voluntad la ha puesto.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando entre mí que si el Señor quisiera una
cosa de mí, debía darme una señal, y era la de liberarme de la venida del sacerdote. Entonces
el bendito Jesús se ha hecho ver en mi interior con una esfera en la mano, como queriendo
arrojarla a la tierra, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, ésta es tu pasión predominante, que te libere de las condiciones en las cuales
mi Voluntad te ha puesto. Yo te tengo en este estado por causa de todo el mundo, y me sirvo
de ti para no arrojarlo y destruirlo del todo; en cambio, cualquier otra cosa con la cual tú pudieras
hacer el bien, sería solamente una pequeña parte”.
(3) Y yo: “Jesús mío, yo no sé entenderlo, me tienes sin sufrir, parece que me tienes
suspendida del estado de víctima, y luego me dices que te sirves de mí para no destruir al mundo
del todo”.
(4) Y Jesús: “Sin embargo es falso que no sufres, a lo más no sufres penas tales para
desarmarme del todo, y si alguna vez quedas suspendida no es por parte tuya, por tu querer,
porque si fuera así entraría tu voluntad. ¡Ah! tú no puedes comprender la dulce violencia que
me haces con tu esperar, con sentirte suspendida, con no verme como antes, y a pesar de esto
permanecer en tu puesto, sin apartarte en nada; y además quiero ser libre sobre ti, cuando me
agrade te tendré suspendida, cuando no te tendré atada; te quiero en poder de mi Voluntad, sin
tu voluntad; si estás contenta así podemos continuar, de otra manera no”.
(5) Otro día me sentía mal, con el continuo devolver todo lo que como, y le estaba diciendo a
mi dulce Jesús: “Amor mío, ¿qué pierdes con darme la gracia de no sentir necesidad de tomar
alimento, pues me veo obligada a devolverlo todo?” Lo digo sólo por obedecer. Y mi amable
Jesús me ha dicho:
(6) “Hija mía, ¿qué dices? Calla, calla, no lo digas más. Debes saber que si tú no tuvieras
necesidad de alimento, Yo haría morir de hambre a los pueblos, pero teniendo tú necesidad,
pudiendo servir a tus necesidades, Yo, por amor tuyo y por causa tuya, doy las cosas necesarias
a las criaturas, así que si te escuchara querrías mal a los demás; en cambio, con tomar el
alimento y luego devolverlo, haces bien a los demás y tu sufrir me glorifica. Es más, cuántas
veces mientras devuelves te veo sufrir, y como sufres en mi Voluntad Yo tomo tu sufrir, lo
multiplico y lo divido a bien de las criaturas y gozo y digo entre Mí: Este es el pan de mi hija que
Yo doy para bien de mis hijos”.
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