manera se hará tierra en torno a ti, y entonces podrás ser una planta, un árbol, jamás un sol, y
en vez de dar debes recibir, y el bien que harás será tan limitado que se podrá numerar”.
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12-57
Agosto 1, 1918
Efectos de la privación de Jesús.
(1) Me la paso entre privaciones y ansias, y frecuentemente me lamento con mi dulce Jesús,
entonces Él ha venido y acercándose me ha estrechado a su corazón y me ha dicho:
(2) “Bebe de mi costado”.
(3) Yo he bebido la santísima sangre que brotaba de la llaga de su corazón. ¡Cómo me sentía
feliz! Pero Jesús no contento con hacerme beber la primera vez, me ha dicho que bebiera la
segunda y después la tercera vez. Yo he quedado maravillada de su bondad, pues sin pedirlo,
Él mismo quería que yo bebiera. Después ha agregado:
(4) “Hija mía, cada vez que recuerdas que estás privada de Mí y sufres, tu corazón queda
herido con una herida divina, la cual siendo divina tiene virtud de reflejarse en mi corazón y
herirlo; esta herida es dulce, es bálsamo para mi corazón, y Yo me sirvo de ella para endulzarme
de las heridas crueles que me hacen las criaturas, de la indiferencia hacia Mí, de los desprecios
que me hacen, hasta llegar a olvidarse de Mí. Así, si el alma se siente fría, árida, distraída, y
por eso siente pena por causa de Mí, queda herida y me hiere a Mí, y por ello quedo aliviado”.
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12-58
Agosto 7, 1918
La consumación de Jesús en el alma.
(1) Me lamentaba con Jesús por su privación y decía entre mí: “Todo ha terminado, qué días
tan amargos, mi Jesús se ha eclipsado, se ha retirado de mí, ¿cómo puedo seguir viviendo?”
Mientras esto y otros desatinos decía, mi siempre amable Jesús, con una luz intelectual que de
Él me venía me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi consumación sobre la cruz continúa aún en las almas. Cuando el alma está
bien dispuesta y me da vida en ella, Yo revivo en ella como dentro de mi Humanidad. Las llamas
de mi amor me queman, siento el deseo de testimoniarlo a las criaturas y de decir: “Vean cuánto
os amo, no estoy contento con haberme consumado sobre la cruz por amor vuestro, sino que
quiero consumarme en esta alma por amor vuestro, porque me ha dado vida en ella”. Y por esto
hago sentir al alma la consumación de mi Vida en ella, y ella se siente como estrechada, sufre
agonías mortales, no sintiendo más la Vida de su Jesús en ella se siente consumir. Conforme
siente faltar mi Vida en ella, de la cual estaba habituada a vivir, se debate, tiembla, casi como
mi Humanidad sobre la cruz cuando mi Divinidad, sustrayéndole la fuerza la dejó morir. Esta
consumación en el alma no es humana, sino toda divina, y Yo siento la satisfacción como si otra
Vida mía Divina se hubiera consumido por amor mío; y como no es su vida la que se ha
consumido, sino la mía, la que ya no siente más, que ya no ve, le parece que Yo haya muerto
para ella. Y a las criaturas les renuevo los efectos de mi consumación y al alma le duplico la
gracia y la gloria, siento el dulce encanto y los atractivos de mi Humanidad que me hacía hacer