12-47
Mayo 23, 1918
Los vuelos del alma en el Querer Divino.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús no ha venido, y yo la he pasado entre suspiros, ansias y
amarguras, pero toda sumergida en su Voluntad. Llegada la noche no podía más, y lo llamaba
y lo volvía a llamar, mis ojos no se podían cerrar, me sentía inquieta, a cualquier costo quería a
Jesús; mientras me encontraba en esto ha venido y me ha dicho:
(2) “Paloma mía, ¿quién te puede decir los vuelos que haces en mi Querer, el espacio que
recorres, las extensiones que vuelas? ¡Ninguno, ninguno, ni siquiera tú lo sabrías decir! Yo,
sólo Yo lo puedo decir, Yo que mido las fibras, Yo que numero el vuelo de tus pensamientos, de
tus latidos, y mientras vuelas veo los corazones que tocas; pero no te detengas, vuela a otros
corazones y llama y vuelve a llamar y vuela de nuevo, y sobre tus alas lleva mi te amo a otros
corazones para hacerme amar, y después, en un solo vuelo ven a mi corazón para tomar
descanso, para después reiniciar vuelos más rápidos. Yo me divierto con mi paloma y llamo a
los ángeles, a mi Mamita a divertirse Conmigo. Pero mira, no te lo digo todo, el resto te lo diré
en el Cielo, ¡oh, cuántas cosas sorprendentes te diré!”
(3) Después me ha puesto la mano en la frente y ha agregado:
(4) “Te dejo la sombra de mi Voluntad, el aliento de mi Querer, duerme”.
(5) Y me he dormido.
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12-48
Mayo 28, 1918
Es tanto el celo del amor de Jesús por Luisa, que le aleja todo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba diciendo a mi amado Jesús: “Jesús, ámame
mucho, yo tengo más derecho que los demás a ser amada, porque ni yo amo a nadie, sino sólo
a Ti, ni nadie me ama a mí, y si alguno parece que me ama, es por el bien que le llega, no por
mí; así que entre mi amor y el tuyo no hay ningún otro amor en medio”. Y el dulce Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, esto no es otra cosa que mi amor más fuerte, y es tanto, que el celo de mi amor
por ti te aleja todo, y me pongo a guardia para que ni siquiera una sombra de amor de criatura
te aliente, a lo más tolero que alguna te ame en Mí, no fuera de Mí, de otra manera la haría huir,
y esto también significa que ni tú has entrado en ningún corazón, ni nadie ha entrado en el tuyo”.
(3) Después, por la noche ha regresado Jesús y la Reina Mamá, y llamándome por mi nombre,
como si quisieran que pusiera atención. ¡Cómo era bello ver a la Mamá y a Jesús hablar entre
ellos! Mi Mamá Celestial decía:
(4) “Hijo mío, ¿qué haces? Es demasiado lo que quieres hacer. Yo tengo los derechos de
Madre y me duele que mis hijos deban sufrir tanto. Quieres abrir el Cielo a los castigos y destruir
a las criaturas y los alimentos que servirán para alimentarlas; quieres inundarlos de males
contagiosos; ¿cómo harán? Tú dices que amas mucho a esta hija mía, cuánto no sufrirá si
haces eso. Para no amargarla no lo hagas”.
(5) Y lo acercaba hacia mí, pero Jesús respondía decidido: