12-34
Febrero 12, 1918
Las iglesias desiertas y sin ministros.
(1) Continuando mi habitual estado, el siempre amable Jesús se hacía ver muy afligido y yo
le he dicho: “Amor mío, ¿por qué estás tan afligido?”
(2) Y Él: “¡Ah! hija mía, cuando permita que las iglesias queden desiertas, los ministros
dispersos, las misas disminuidas, significará que los sacrificios me son ofensas, las oraciones
insultos, las adoraciones irreverencias, las confesiones pasatiempos y sin fruto; por lo tanto, no
encontrando más mi gloria, sino ofensas, ni el bien de ellos, no sirviéndome más los quito; pero
este arrancar los ministros de mi Santuario significa que las cosas han llegado al punto más
malo, y que la diversidad de los castigos se multiplicará. ¡Cómo es duro el hombre, cómo es
duro!”
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12-35
Febrero 17, 1918
El calor del Querer Divino destruye las imperfecciones.
(1) Me sentía un poco distraída y volcándome en el Santo Querer de Dios, pedía perdón de
mi distracción, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el sol con su calor destruye los olores fétidos, la parte infecciosa que hay en el
estiércol cuando éste es esparcido en la tierra para fecundar las plantas, de otra manera se
podrirían y terminarían por secarse. Ahora, el calor de mi Voluntad, en cuanto el alma entra en
Ella, destruye la infección, los defectos que el alma ha contraído en su distracción, por eso en
cuanto adviertas la distracción, no te estés en ti misma, sino de inmediato entra en mi Querer, a
fin de que mi calor te purifique e impida que te vayan a secar”.
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12-36
Marzo 4, 1918
La firmeza produce el heroísmo.
(1) Continuando mi habitual estado me lamentaba con Jesús de mi pobre estado, y Él me ha
dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no te apartes en nada, la firmeza es la virtud más grande, la firmeza
produce el heroísmo, y es casi imposible que el hombre no sea, con la firmeza, un gran santo;
es más, conforme va repitiendo sus actos, así va formando dos barreras, una a la derecha y la
otra a la izquierda, que le sirven de apoyo y defensa, y reiterando sus actos se forma en sí una
fuente de nuevo y creciente amor. La firmeza reafirma la gracia y pone el sello de la