arrancados de las iglesias, y por cuantas oraciones se me hagan Yo no puedo escucharlas, y
para ellos no hay gracias, más bien respondo a ellos con el grito doliente de mi corazón:
“Ladrones, vamos, salgan de mi Santuario, porque no puedo soportaros más!”
(5) Yo he quedado espantada y he dicho: “Aplácate oh Jesús, míranos en Ti como fruto de tu
sangre, de tus llagas, y cambiarás los castigos en gracias”.
(6) Y Él ha agregado: “Las cosas seguirán adelante, humillaré al hombre hasta el polvo, y
varios incidentes imprevistos continuarán sucediendo para confundir mayormente al hombre, y
donde él cree encontrar salvación, encontrará una trampa; y donde creerá encontrar una victoria,
encontrará una derrota; donde luz, tinieblas; así que él mismo dirá: “Estoy ciego y no sé que
más hacer”. Y la espada devastadora continuará devastando hasta que todo sea purificado”.
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12-32
Enero 27, 1918
Las cosas empeorarán más.
(1) Los días son amarguísimos, el dulce Jesús casi no viene, o bien como relámpago, y en
ese relámpago se hace ver secándose las lágrimas, y sin dar razón huye. Finalmente, después
de mucho esperar me ha dicho:
(2) “Hija mía, después de tanto tiempo que tratas Conmigo no has aprendido a conocer mis
modos y la causa de mi ausencia, muchas veces te lo he dicho, qué fácil eres para olvidar lo
que te digo. Las cosas empeorarán más, ésta es la razón”.
(3) Después, encontrándome fuera de mí misma, veía y escuchaba que dos o tres naciones
se debían volver impotentes para defenderse. ¡Cuántas miserias, cuántas ruinas, porque otras
naciones las oprimían tanto, hasta ponerles las manos encima, de modo que quedarán
impotentes!
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12-33
Enero 31, 1918
Perderse en Jesús para poder decir:
“Lo que es de Jesús es mío”.
(1) Me estaba abandonando toda en Jesús, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, piérdete en Mí, tu oración piérdela en la mía, de modo que la tuya y la mía sean
una sola oración, y no se conozca cuál sea la tuya y cuál la mía; tus penas, tus obras, tu querer,
tu amor, piérdelos todos con mis penas, con mis obras, etc., de manera que se mezclen las unas
con las otras para formar una sola cosa, tanto que tú podrás decir: “Lo que es de Jesús es mío”.
Y Yo diré: “Lo que es tuyo es mío”. Supón un vaso de agua que vacías en un recipiente grande
de agua; ¿después sabrías distinguir el agua del vaso de la del recipiente? Ciertamente que no,
por eso, para grandísima ganancia tuya y para sumo contento mío, repíteme frecuentemente en
lo que haces: “Jesús, lo vierto en Ti, para poder hacer no mi Voluntad sino la tuya”. Y Yo
rápidamente verteré mi obrar en ti”.
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