La Santidad del vivir en el Divino Querer está
exenta de interés personal y de pérdida de tiempo.
(1) Continúo sólo por obedecer. Mi siempre amable Jesús parece que tiene ganas de hablar
del vivir en su Santísimo Querer; parece que mientras habla de su Santísima Voluntad olvida
todo y hace olvidar todo; el alma no encuentra otra cosa que la necesidad, otro bien, que vivir
en su Querer. Entonces mi dulce Jesús, después de haber escrito el día 20 de Noviembre
acerca de su Querer, disgustándose conmigo me ha dicho:
(2) “Hija mía, no has dicho todo, quiero que no dejes de escribir ninguna cosa cuando Yo te
hablo de mi Querer, aun las más pequeñas cosas, porque todas servirán para bien de los que
vendrán. En todas las santidades ha habido siempre los santos que han dado inicio a las
diferentes especies de santidad, así que hubo el santo que inicio la santidad de los penitentes,
otro que inició la santidad de la obediencia, otro la de la humildad y así de todas las otras
santidades. Ahora, el inicio de la santidad del vivir en mi Querer quiero que seas tú. Hija mía,
todas las demás santidades no están exentas de pérdida de tiempo y de interés personal, como
por ejemplo: Un alma que vive en todo a la obediencia tiene mucha pérdida de tiempo; aquel
hablar y hablar continuado la distraen de Mí, pone la virtud en lugar mío, y si no tiene la
oportunidad de tomar todas las órdenes, vive inquieta. Otra que sufre tentaciones, ¡oh! cuánta
pérdida de tiempo, no se cansa de decir todos sus obstáculos y pone la virtud del sufrimiento
en lugar mío, y muchas veces estas santidades se esfuman. Pero la santidad del vivir en mi
Querer está exenta de interés personal, de pérdida de tiempo, no hay peligro de que Me cambien
por la virtud, porque el vivir en mi Querer soy Yo mismo. Esta fue la santidad de mi Humanidad
en la tierra, y por eso hizo todo y por todos, y sin la sombra del interés. El interés propio quita
el sello de la santidad divina, por esto jamás puede ser sol, a lo más, por cuan bella sea, puede
ser una estrella. Por eso quiero la santidad del vivir en mi Querer; en estos tiempos tan tristes
la generación tiene necesidad de estos soles que la calienten, la iluminen, la fecunden; el
desinterés de estos ángeles terrestres, todo para bien de los demás, sin la sombra de interés
propio, abrirá el camino en los corazones de todos para recibir mi gracia.
(3) Además, las iglesias son pocas, muchas serán destruidas; muchas veces no encuentro
sacerdotes que me consagren, otras veces permiten que almas indignas me reciban, y que
almas dignas no me reciban, otras veces las almas no pueden recibirme, así que mi amor se
encuentra obstaculizado. Por eso quiero hacer la santidad del vivir en mi Querer, en ella no
tendré necesidad de sacerdotes para consagrarme, ni de iglesias, ni de tabernáculos, ni de
hostias, sino que estas almas serán todo junto: Sacerdotes, iglesias, tabernáculos y hostias. Mi
amor estará más libre, cada vez que quiera consagrarme lo podré hacer, a cada momento, de
día, de noche, en cualquier lugar donde esas almas se encuentren, ¡oh, cómo mi amor tendrá
su desahogo completo! ¡Ah, hija mía, la presente generación merece ser destruida del todo, y
si permitiré que algo poco quede de ella, es para formar estos soles de la santidad del vivir en
mi Querer, que a ejemplo mío me reharán de todo lo que me debían las otras criaturas, pasadas,
presentes y futuras. Entonces la tierra me dará verdadera gloria y mi Fiat Voluntas Tua como
en el Cielo así en la tierra, tendrá su cumplimiento y conclusión”.
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