pequeña cosa los aconseje, los tranquilice, los consuele, pero pronto están más agitados que
antes. Pobre santidad, cómo es falsificada, quisiera las lágrimas de mi Jesús para llorar junto
con Él sobre estas santidades falsas y hacer conocer a todos cómo la verdadera santidad está
en el hacer la Divina Voluntad y vivir en el Divino Querer, esta santidad echa sus raíces tan
profundas, que no hay peligro de que oscile, porque llena Cielo y tierra, y dondequiera encuentra
su apoyo; es firme, no sujeta a inconstancias, a defectos voluntarios, atenta a los propios
deberes, es la más sacrificada, desapegada de todos y de todo, aun de las mismas direcciones,
y como sus raíces son profundas, se eleva tan alto, que las flores y los frutos florecen en el
Cielo, y está tan escondida en Dios que la tierra poco o nada ve de esta alma; el Querer Divino
la tiene absorbida en Él; sólo Jesús es el artífice, la vida, la forma de la santidad de esta
envidiable criatura, no tiene nada de suyo, sino todo es en común con Jesús, su pasión es el
Divino Querer; su característica es el Querer de su Jesús, y el Fiat es su movimiento continuo.
(9) En cambio la pobre y falsa santidad de los globos está sujeta a continuas inconstancias, y
mientras parece que los globos de su santidad se inflan tanto, que parece que vuelan por el aire
a una cierta altura, tanto que muchos y los mismos directores quedan admirados, pero pronto
se desengañan; y basta para hacer desinflar estos globos, una humillación, una preferencia
usada por los directores con cualquier otra persona, creyéndolas un robo que les hacen, pues
se creen las más necesitadas, por tanto, mientras se hacen escrúpulo de tonterías, después
llegan a desobedecer; es la envidia y la polilla de estos globos, que royéndoles el bien que
hacen, les va sacando el aire y el pobre globo se desinfla y cae por tierra, llegando a ensuciarse
de tierra, y entonces se ve la santidad que había en el globo; ¿y qué cosa se encuentra? Amor
propio, resentimiento, pasiones escondidas bajo aspecto de bien, y se tiene ocasión para decir:
Se han hecho juguete del demonio; así que de toda la santidad, no se ha encontrado otra cosa
que un amasijo de defectos, aparentemente disfrazados de virtud. Pero, ¿quién puede decir
todo? Sólo Jesús sabe los males peores de esta falsa santidad, de esta vida devota sin
fundamento, porque está apoyada sobre una falsa piedad. Estas falsas santidades son las vidas
espirituales sin fruto, estériles, que son causa de hacer llorar, quién sabe cuánto, a mi amable
Jesús; son el malhumor de la sociedad, las cruces de los mismos directores, de las familias. Se
puede decir que llevan junto a ellos un aire maléfico que daña a todos.
(10) ¡Oh, qué diferente es la santidad del alma que vive en el Querer Divino! Estas almas son
la sonrisa de Jesús, están alejadas de todos, aun de los mismos directores, sólo Jesús es todo
para ellas, así que no son suplicio para ninguno; el aire benéfico que poseen embalsama a
todos, son el orden y la armonía de todos. Jesús, celoso de estas almas, se hace actor y
espectador de lo que hacen, ni siquiera un latido, un respiro, un pensamiento que Él no regule
y domine. Jesús las tiene tan absorbidas en el Divino Querer, que difícilmente pueden
recordarse que viven en el exilio.
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12-19
Septiembre 18, 1917
Efectos de la constancia en el bien.
(1) Continuando mi habitual estado, me la he pasado en penas, mucho más que mi Mamá
Celestial se había hecho ver llorando, y habiéndole preguntado, ¿Mamá mía, por qué lloras?
Me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿cómo no debo llorar si el fuego de la justicia divina quisiera devorar todo? El
fuego de las culpas devora todo el bien de las almas, y el fuego de la justicia quiere destruir todo
lo que pertenece a las criaturas, y viendo que el fuego corre, lloro, por eso, reza, reza”.