incapaz, tengo muchos conceptos en la mente pero me faltan las palabras. Jesús mío, vuélcate
en mi palabra, y yo diré lo que puedo:
(6) Vivir en el Divino Querer significa inseparabilidad, no hacer nada por sí mismo, porque
delante al Divino Querer se siente incapaz de todo, no pide órdenes ni las recibe, porque se
siente incapaz de ir solo y dice: “Si quieres que haga, hagamos juntos, y si quieres que vaya,
vayamos juntos”. Así que hace todo lo que hace el Padre: Si el Padre piensa, hace suyos los
pensamientos del Padre, y no hace ni un pensamiento de más de los que hace el Padre; si el
Padre mira, si habla, si obra, si camina, si sufre, si ama, también ella mira lo que mira el Padre,
repite las palabras del Padre, obra con las manos del Padre, camina con los pies del Padre,
sufre las mismas penas del Padre y ama con el amor del Padre; vive no fuera sino dentro del
Padre, así que es el reflejo y el retrato perfecto del Padre; lo que no es para quien vive solamente
resignado. A este hijo es imposible encontrarlo sin el Padre, ni al Padre sin él, y no sólo
externamente, sino que todo su interior se ve como entretejido con el interior del Padre,
transformado, perdido todo, todo en Dios. ¡Oh, los vuelos rápidos y sublimes de este hijo en el
Querer Divino! Este Querer Divino es inmenso, a cada instante circula en todos, da vida y ordena
todo, y el alma espaciándose en esta inmensidad vuela hacia todos, ayuda a todos, ama a todos,
pero como ayuda y ama el mismo Jesús, lo que no puede hacer quien vive sólo resignado, así
que a quien vive en el Divino Querer le es imposible hacer por sí solo, más bien siente náusea
de su obrar humano, aunque sea santo, porque en el Divino Querer, las cosas, aún las más
pequeñas, toman otro aspecto, adquieren nobleza, esplendor, santidad divina, potencia y
belleza divinas, se multiplican al infinito, y en un instante hace todo y después que ha hecho
todo, dice: “No he hecho nada, lo ha hecho Jesús, y este es todo mi contento, que miserable
cual soy, Jesús me ha dado el honor de tenerme en el Divino Querer para hacerme hacer lo que
ha hecho Él”. Así que el enemigo no puede molestar a esta hija en si ha hecho bien o mal, poco
o mucho, porque todo lo ha hecho Jesús, y ella junto con Jesús, ésta es la más pacífica, no está
sujeta a ansiedades, no ama a ninguno y ama a todos, pero divinamente, se puede decir: “Es
la repetidora de la Vida de Jesús, el órgano de su voz, el latido de su corazón, el mar de sus
gracias”.
(7) Sólo en esto, creo, consiste la verdadera santidad; todas las demás cosas son sombras,
larvas, espectros de santidad. En el Querer Divino las virtudes toman puesto en el orden divino;
en cambio fuera de Él, en el orden humano, están sujetas a estima propia, a vanagloria, a
pasiones. ¡Oh! cuántas obras buenas y cuántos sacramentos frecuentados son de llorarse
delante a Dios, y de repararse, porque están vacíos del Divino Querer, por tanto sin frutos.
Quiera el Cielo que todos comprendieran la verdadera santidad, ¡oh! cómo todas las demás
cosas desaparecerían.
(8) Por tanto, muchos se encuentran en el camino falso de la santidad, muchos la ponen en
las pías prácticas de piedad, y ¡ay de quien se las estorbe! ¡Oh! cómo se engañan, si sus
quereres no están unidos con Jesús, y también transformados en Él, lo que es continua oración,
con todas sus pías prácticas su santidad es falsa, y se ve que estas almas pasan con mucha
facilidad de las pías prácticas a los defectos, a las diversiones, a sembrar discordias y a tantas
otras cosas. ¡Oh, cómo es deshonrosa esta especie de santidad! Otros ponen la santidad en ir
a la iglesia y asistir a todas las funciones, pero su querer está lejano de Jesús, y se ve que estas
almas poca atención ponen a sus propios deberes, y si son impedidas se enfurecen, lloran
porque su santidad se les va por el aire, se lamentan, desobedecen, son las llagas de las
familias; ¡oh, qué falsa santidad! Otros la ponen en las confesiones frecuentes, en la dirección
pormenorizada, en hacer escrúpulo de todo, pero luego no se hacen escrúpulo de que su querer
no corre junto con el Querer de Jesús, y ¡ay de quien las contradice!; estas almas son como los
globos inflados, que en cuanto se les hace un pequeño agujero, se sale el aire y su santidad se
esfuma, y caen por tierra, estos pobres globos tienen siempre qué decir, son fácilmente llevados
a la tristeza, viven siempre en la duda, y por eso quisieran un director para ellos, que en cada