ganadas con mis sudores, si estás enferma te asisto y procuro los medios para curarte, ¿por
qué dudas entonces que eres mi hija?” Con más razón Yo diría a quien duda de mi amor y
temiera perderse: “¡Cómo! te doy mis carnes por alimento, vives en todo de lo mío, si estás
enferma te curo con los sacramentos, si estás manchada te lavo con mi sangre, puedo decir que
estoy casi a tu disposición, ¿y tú dudas? ¿Quieres entristecerme? O dime entonces, ¿amas tú
a algún otro? ¿Reconoces a otro ser por padre? ¿Quién dice que no eres mi hija?” Pero si
nada de esto hay, ¿por qué quieres afligirte y entristecerme, no bastan las amarguras que me
dan los demás, quieres también tú poner penas en mi corazón?”
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12-10
Mayo 16, 1917
Efectos de las horas de la Pasión.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba fundiéndome toda en mi dulce Jesús, y
luego me volcaba toda en las criaturas, para darles a todas ellas a Jesús; y mi amable Jesús me
ha dicho:
(2) “Hija mía, cada vez que la criatura se funde en Mí, da a todas las criaturas el influjo de
Vida Divina, y según tienen necesidad obtienen su efecto: Quien es débil siente la fuerza, quien
es obstinada en la culpa recibe la luz, quien sufre recibe el consuelo, y así de todo lo demás”.
(3) Después me he encontrado fuera de mí misma, me encontraba en medio de muchas almas
que me hablaban, –parecía que fueran almas purgantes y santos–, y nombraban a una persona
conocida mía, muerta no hacía mucho, y me decían: “Él se siente feliz al ver que no hay alma
que entre en el Purgatorio que no lleve el sello de las horas de la Pasión, y cortejadas, ayudadas
por estas horas, toma sitio en lugar seguro; y no hay alma que vuele al Paraíso que no sea
acompañada por estas horas de la Pasión; estas horas hacen llover del Cielo continuo rocío
sobre la tierra, en el Purgatorio y hasta en el Cielo”. Al oír esto decía entre mí: “Tal vez mi
amado Jesús para mantener la palabra dada, que por cada palabra de las horas de la Pasión
daría un alma, no hay alma que se salve que no se sirva de estas horas”.
(4) Después he vuelto en mí misma, y habiendo encontrado a mi dulce Jesús le he preguntado
si eso era verdad.
(5) Y Él: “Estas horas son el orden del universo, y ponen en armonía el Cielo y la tierra y me
disuaden de no destruir al mundo; siento poner en circulación mi sangre, mis llagas, mi amor y
todo lo que Yo hice, y corren sobre todos para salvar a todos. Y conforme las almas hacen estas
horas de la Pasión, me siento poner en camino mi sangre, mis llagas, mis ansias de salvar las
almas, y me siento repetir mi Vida. ¿Cómo pueden obtener las criaturas algún bien si no es por
medio de estas horas? ¿Por qué lo dudas? La cosa no es tuya, sino mía, tú has sido el
esforzado y débil instrumento”.
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