El alma queda separada de Jesús cuando hace
entrar en ella alguna cosa que no le pertenece a Él.
12-11
Junio 7, 1917
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me lamentaba con mi dulce Jesús de sus
privaciones y le decía: “Qué amarga separación, separada de Ti todo termina y me siento la
criatura más infeliz que pueda existir”. Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué separación encuentras? El alma queda separada de Mí cuando hace
entrar alguna cosa que no me pertenece a Mí. Por eso, si Yo entro en el alma y encuentro su
voluntad mía, sus deseos, sus afectos, los pensamientos, el corazón, todo mío, Yo la absorbo
en Mí y voy fundiendo con el fuego de mi amor su voluntad con la mía, y de ellas hago una sola;
fundo sus deseos con los míos, los afectos, los pensamientos con los míos, y cuando de todo
he formado un solo líquido, como celestial rocío lo vierto sobre toda mi Humanidad, el cual,
dividiéndose en tantas gotas de rocío por cuantas ofensas recibe, me besan, me aman, me
reparan, me embalsaman mis llagas irritadas. Y como estoy siempre en acto de hacer el bien a
todos, este rocío desciende a bien de todas las criaturas. Pero si encuentro en el alma alguna
cosa extraña, que no me pertenece, entonces no puedo fundir lo suyo en lo mío, porque
solamente el amor es lo que tiene virtud de fundirse y hacerse uno solo; las cosas similares son
las que pueden intercambiarse, y que tienen el mismo valor, por lo que, si en el alma hay fierro,
espinas, piedras, ¿cómo se pueden fundir? Y entonces son las separaciones, la infelicidad. Así
que si en tu corazón no ha entrado nada, ¿cómo puedo separarme?”
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12-12
Junio 14, 1917
Por cuanto más el alma se desnuda de
sí, tanto más Jesús la viste de Él.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba rogando a mi amable Jesús que viniera en mí a
amar, a rezar, a reparar, porque yo no sabía hacer nada, y el dulce Jesús movido a compasión
por mi nulidad, ha venido, quedándose conmigo a rezar, amando y reparando junto conmigo, y
después me ha dicho:
(2) “Hija mía, por cuanto más el alma se despoja de sí, tanto más la visto de Mí; por cuanto
más cree que no puede hacer nada, tanto más obro Yo en ella y hago todo; siento que la criatura
pone en acto todo mi amor, mis oraciones, mis reparaciones, etc., y para hacerme honor a Mí
mismo, veo qué cosa quiere hacer: ¿Amar? Voy a ella y amo junto con ella. ¿Quiere rezar?
Rezo junto con ella; en suma, su despojarse de sí y su amor, que es mío, me atan y me obligan
a hacer junto con ella lo que quiere hacer, y Yo doy al alma el mérito de mi amor, de mis
oraciones y reparaciones, y con sumo contento mío siento repetir mi Vida, y hago descender a
bien de todos, los efectos de mi obrar, porque no es de la criatura que está escondida en Mí,
sino mío”.
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