(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad y todo lo que hace lo hace en mi Querer, me obliga a
hacer junto con ella lo que ella hace. Así que si recibe la comunión en mi Querer, Yo repito los
actos que hice al comulgarme, y renuevo el fruto completo de mi Vida Sacramental; si reza en
mi Querer, Yo rezo con ella y renuevo el fruto de mis oraciones; si sufre, si obra, si habla en mi
Voluntad, Yo sufro junto y renuevo el fruto de mis penas, obro y hablo junto y renuevo el fruto
de mis obras y palabras, y así de todo lo demás”.
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11-142
Diciembre 30, 1916
Cómo Jesús nos ha hecho libres en la
voluntad y en el amor. Efectos de eso.
(1) Continuando mi estado, yo pensaba en las penas de mi amable Jesús, y ofrecía mi martirio
interior unido a las penas de Jesús, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, los verdugos pudieron lacerar mi cuerpo, insultarme, pisotearme, etc., pero no
pudieron tocar ni mi Voluntad, ni mi Amor, estos los quise libres a fin de que como dos corrientes
pudieran correr, correr sin que ninguno pudiera impedirlas, vertiéndome para bien de todos, aun
de los mismos enemigos. ¡Oh, cómo triunfaba mi Voluntad, mi Amor en medio de mis enemigos!
Ellos me golpeaban con los flagelos y Yo golpeaba sus corazones con mi Amor, y con mi
Voluntad los encadenaba; ellos me pinchaban la cabeza con espinas, y mi Amor encendía la luz
en sus mentes para hacerme conocer; ellos me abrían llagas, y mi Amor sanaba las llagas de
las almas de ellos; ellos me daban muerte y mi Amor les restituía la vida, tanto, que mientras
expiraba sobre la cruz, las llamas de mi Amor, tocando sus corazones los constriñó a postrarse
ante Mí y a confesarme por verdadero Dios; nunca fui tan glorioso y triunfador como lo fui en las
penas en el curso de mi Vida mortal acá abajo. Ahora hija mía, a mi semejanza doté al alma de
libertad en la voluntad y en el amor, de manera que los demás pueden adueñarse del obrar
externo de la criatura, pero del obrar interior, de la voluntad y del amor, ¡ninguno, ninguno! Y Yo
mismo la quise libre en esto, a fin de que, libremente, no forzada, pudieran correr esta voluntad
y este amor hacia Mí, y sumergiéndose en Mí pudiera ofrecerme los actos más nobles y puros
que la criatura puede darme, y siendo Yo libre y ella también, podemos verternos mutuamente
y correr, correr hacia el Cielo para amar y glorificar al Padre, y morar juntos con la Trinidad
Sacrosanta, correr hacia la tierra para hacer el bien a todos, correr en los corazones de todos
para golpearlos de Amor, y con la Voluntad encadenarlos y hacer de ella una conquista, así que
dote más grande no podía dar a la criatura; ¿pero dónde la criatura puede hacer desahogo de
esta libre voluntad y de este amor? En el sufrir. En el sufrir el amor crece, se engrandece la
voluntad y como reina se rige a sí misma, ata mi corazón, y sus penas como corona me
circundan, me apiadan y me hago dominar, así que no sé resistir a las penas de un alma amante,
y como reina la tengo a mi lado, y es tanto el dominio de esta criatura en las penas, que le hacen
adquirir modos nobles, dignos, insinuantes, heroicos, desinteresados, semejantes a mis modos,
que las demás criaturas hacen competencia para hacerse dominar por esta alma. Y por cuanto
más el alma obra Conmigo, está unida Conmigo, se funde en Mí, tanto más me siento absorbido
por el alma, así que conforme piensa, me siento absorber mi pensamiento en su mente;
conforme mira, conforme habla, conforme respira, así me siento absorber la mirada, la voz, el
respiro, la acción, el paso, el latido, todo me absorbe, y mientras me absorbe hace siempre
adquisición de mis modos, de mi semejanza, y Yo voy continuamente mirándome en ella y me
encuentro a Mí mismo”.