nunca en amor, y cuando veo que el alma por amor mío está toda atenta a repararme, a amarme,
a pedir perdón por los pecadores, Yo, para ponerme a la par, en modo especial pido perdón por
ella, reparo y amo por parte suya, y voy embelleciendo su alma con mi Amor, con mis
reparaciones y perdón, por eso continúa reparando y no suscites contrastes entre tú y Yo”.
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11-138
Diciembre 5, 1916
Bienes que hace el alma que vive en la Voluntad de Dios.
(1) Estaba haciendo la meditación y según mi costumbre estaba fundiéndome toda en el
Querer de mi dulce Jesús. En ese momento, ante mi mente veía una máquina que contenía
innumerables fuentes que hacían brotar olas de agua, de luz, de fuego, que elevándose hasta
el Cielo se derramaban sobre todas las criaturas; no había criatura que no quedara inundada
por esas olas, la única diferencia era que algunas entraban dentro y otras quedaban sólo por
fuera, y mi siempre amable Jesús me dijo:
(2) “¡Hija mía, la máquina soy Yo! Mi Amor mantiene en movimiento a la máquina y en todos
se derrama; sólo que quien quiere recibir estas olas, está vacía y me ama, estas olas entran
dentro, los demás quedan tocados para disponerlos a recibir tanto bien, pero las almas que
hacen y viven en mi Voluntad están en la misma máquina, y como viven de Mí, pueden disponer
para bien de los demás las olas que brotan, y ahora son luz que ilumina, ahora fuego que
enciende, agua que purifica. ¡Qué bello es ver a estas almas que viven de mi Querer que salen
de dentro de mi máquina como otras tantas pequeñas máquinas, difundiéndose para bien de
todos, y luego vuelven en mi máquina y desaparecen de entre las criaturas, y viven de Mí y sólo
de Mí!”
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11-139
Diciembre 9, 1916
Jesús quiere encontrarse a Sí mismo en
el alma, y que haga lo que hizo Él.
(1) Estaba afligida por la privación de mi dulce Jesús, y si viene, mientras siento que respiro
un poco de vida, quedo más afligida al verlo más afligido que yo y que no quiere saber de
aplacarse, pues las criaturas lo obligan, le arrancan otros flagelos; pero mientras flagela llora
por la suerte del mundo y se oculta dentro de mi corazón, casi para no ver lo que sufre el hombre,
parece que no se puede vivir más en estos tristes tiempos, y además parece que se está solo
al principio de ellos. Entonces mi dulce Jesús, estando yo pensativa por mi dura y triste suerte
de deber estar casi continuamente privada de Él, vino y poniéndome un brazo al hombro me ha
dicho:
(2) “Hija mía, no acrecientes mis penas con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto
de ti, es más, quiero que hagas tuyas mis penas, mis oraciones y todo Yo mismo, de modo que
pueda encontrar en ti otro Yo mismo, en estos tiempos quiero grandes satisfacciones y sólo
quien hace suyo a Mí mismo me las puede dar. Y lo que en Mí encontró el Padre, es decir, gloria,
complacencia, amor, satisfacción, completas y perfectas, para bien de todos, Yo lo quiero
encontrar en estas almas, como otros tantos Jesús que lo hagan a la par de Mí, y estas