(2) “¡Hija mía, cómo estoy contento de que hayas venido a recibirme unida con mi Humanidad,
mi Divinidad y mi Voluntad! Me has renovado todo el contento que sentí al recibirme en comunión
a Mí mismo, y mientras tú me besabas y me abrazabas, estando en ti todo Yo mismo, contenías
todas las criaturas, y Yo sentía darme el beso de todas, los abrazos de todas, porque ésta era
tu voluntad, igual que fue la mía al recibirme en la comunión, rehacer al Padre por todo el amor
de las criaturas y a pesar de que muchos no lo amarían, y el Padre se rehacía en Mí del amor
de todas las criaturas, y Yo me rehago en ti del amor de todas las criaturas, y habiendo
encontrado en mi Voluntad quien me ama, me repara, etc., a nombre de todas, porque en mi
Voluntad no hay cosa que el alma no pueda darme, me siento amar a las criaturas a pesar de
que me ofendan, y voy inventando estratagemas de amor en torno a los corazones más duros
para convertirlos. Sólo por amor de estas almas que hacen todo en mi Querer, Yo me siento
como encadenado y raptado y les concedo los prodigios de las más grandes conversiones”.
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11-133
Octubre 13, 1916
Los ángeles están en torno al alma que hace las horas de la Pasión.
Estas horas son los pequeños sorbos dulces que las almas dan a Jesús.
(1) Estaba haciendo las horas de la Pasión, y el bendito Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, en el curso de mi Vida mortal, millones y millones de ángeles cortejaban a mi
Humanidad y recogían todo lo que Yo hacía, los pasos, las obras, las palabras y aun los suspiros,
las penas, las gotas de sangre, en suma, todo. Eran ángeles destinados a mi custodia, a darme
honor, obedientes a todas mis señales, subían y bajaban del Cielo para llevar al Padre todo lo
que Yo hacía. Ahora estos ángeles tienen un oficio especial, y conforme el alma hace memoria
de mi Vida, de mi Pasión, de mi sangre, de mis llagas, de mis oraciones, se ponen en torno a
esta alma y recogen sus palabras, sus oraciones y condolencias que me hacen, las lágrimas,
los ofrecimientos, los unen con los míos y los llevan ante mi Majestad para renovarme la gloria
de mi misma Vida, es tanta la complacencia de los ángeles, que reverentes están en torno para
oír lo que dice el alma y rezan junto con ella, por eso con qué atención y respeto el alma debe
hacer estas horas, pensando que los ángeles están pendientes de sus labios, para repetir junto
a ella lo que ella dice”.
(3) Luego ha agregado: “Ante tantas amarguras que las criaturas me dan, estas horas son los
pequeños sorbos dulces que las almas me dan, pero ante tantos sorbos amargos que recibo,
son demasiado pocos los dulces, por eso, más difusión, más difusión”.
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11-134
Octubre 20, 1916
La gracia, como luz del sol se da a todos.
(1) Estaba fundiéndome en la Divina Voluntad y me vino el pensamiento de encomendar
especialmente a varias personas, y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la particularización va ya de por sí misma, a pesar de que no se ponga ninguna
intención. En el orden de la gracia sucede como en el orden natural: El sol da luz a todos, sin
embargo no todos gozan los mismos efectos, pero esto no es por parte del sol, sino por parte
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