(2) “Hija mía, reza, pero reza como rezo Yo, es decir, vuélcate toda en mi Voluntad, y en Ella
encontrarás a Dios y a todas las criaturas, y haciendo tuyas todas las cosas de las criaturas, las
darás a Dios como si fuera una sola criatura, porque el Querer Divino es el dueño de todas, y
pondrás a los pies de la Divinidad los actos buenos para darle honor, y los malos para repararlos
con la santidad, potencia e inmensidad de la Divina Voluntad a la que nada escapa. Esta fue la
Vida de mi Humanidad en la tierra, por cuan Santa era mi Humanidad, tenía necesidad de este
Divino Querer para dar completa satisfacción al Padre, y redimir a las generaciones humanas,
porque sólo en este Divino Querer Yo encontraba todas las generaciones pasadas, presentes y
futuras, y todos sus actos, pensamientos, palabras, etc., como en acto. Y en este Santo Querer,
sin que nada me escapara, Yo tomaba todos los pensamientos en mi mente, y por cada uno en
particular Yo me presentaba ante la Majestad Suprema y los reparaba, y en esta misma Voluntad
descendía en cada mente de criatura, dándole el bien que había impetrado para su inteligencia;
en mis miradas tomaba todos los ojos de las criaturas; en mi voz sus palabras; en mis
movimientos los suyos; en mis manos sus obras; en mi corazón los afectos, los deseos; en mis
pies los pasos; y haciéndolos como míos, en este Divino Querer mi Humanidad satisfacía al
Padre y Yo ponía a salvo a las pobres criaturas, y el Padre Divino quedaba satisfecho, no podía
rechazarme siendo el Santo Querer Él mismo, ¿se habría rechazado Él mismo? Ciertamente
que no; mucho más que en estos actos encontraba santidad perfecta, belleza inalcanzable y
raptora, amor sumo, actos inmensos y eternos, potencia invencible. Esta fue toda la Vida de mi
Humanidad en la tierra, desde el primer instante de mi concepción hasta el último respiro, para
continuarla luego en el Cielo y en el Santísimo Sacramento. Ahora, ¿por qué no puedes hacerlo
también tú? Para quien me ama todo es posible, unida Conmigo en mi Voluntad, toma y lleva
ante la Majestad Divina en tus pensamientos, los pensamientos de todos; en tus ojos, las
miradas de todos; en tus palabras, en los movimientos, en los afectos, en los deseos, todos los
de tus hermanos para repararlos, para impetrar para ellos luz, gracia, amor. En mi Querer te
encontrarás en Mí y en todos, harás mi Vida, rezarás como Yo, y el Padre Divino por esto
quedará contento y todo el Cielo te dirá: “¿Quién nos llama en la tierra? ¿Quién es quien quiere
encerrar este Santo Querer en sí, encerrando a todos nosotros juntos?” ¿Y cuánto bien no puede
obtener la tierra haciendo descender el Cielo a la tierra?”
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11-124
Mayo 25, 1916
Trabajo de Jesús en el alma. Cómo es necesaria la
correspondencia para poder producir frutos abundantes.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba toda afligida, especialmente porque en días
pasados el bendito Jesús me hizo ver cómo soldados extranjeros invadían Italia y la gran
carnicería que causaban en nuestros soldados, los ríos de sangre, de los cuales Jesús mismo
tenía horror. Mi pobre corazón me lo sentía despedazar por el dolor y le decía a Jesús: “Salva a
mis hermanos, tus imágenes, desde dentro de ese lago de sangre y no permitas que ninguna
alma caiga al infierno”. Y viendo que la Divina Justicia encenderá más su furor contra las pobres
criaturas, yo me sentía morir, y Jesús casi para distraerme de estas escenas tan desgarradoras
me ha dicho:
(2) “Hija mía, es tanto el amor con que amo a las almas, que en cuanto el alma se decide a
darse a Mí, Yo la circundo de abundante gracia, la acaricio, la conmuevo, la hago recogida, la
doto de gracias sensibles, de fervores, de inspiraciones, de necesidades del corazón, y entonces
el alma viéndose tan agraciada comienza a amarme, hace como un fondo de oraciones en su
corazón, de prácticas piadosas y se decide a ejercitarse en las virtudes, todo esto forma un