(2) “Has de saber que si no vengo un poco a desahogarme contigo, el mundo estaría por
recibir el último golpe de destrucción y de toda clase de flagelos”.
(3) ¡Qué espanto! Entonces quedé aterrada y petrificada por el dolor. Por tanto continuaba
rezando y decía: “Jesús mío, cada momento de tu privación te pide que en las almas sea creada
una nueva Vida de Ti, y esta gracia me la debes dar, sólo con este pacto acepto tu privación.
No es una cosa de nada que me privo, sino de Ti, bien inmenso, infinito, eterno, el precio es
inmenso, por eso hagamos el pacto”.
(4) Y Jesús puso su brazo en mi cuello como aceptando; y mirándolo, pero ay de mí, qué vista
tan dolorosa, estaba circundado de espinas, no sólo la cabeza sino toda su Santísima
Humanidad, tanto, que abrazándolo me picaban, pero a cualquier costo yo quería entrar en
Jesús, y Él todo bondad rasgó esa vestidura de espinas en la parte del corazón y me puso
dentro, y yo veía la Divinidad de Jesús, y si bien era una sola cosa con su Humanidad, aunque
la Humanidad quedaba desgarrada, la Divinidad permanecía intangible. Y Jesús me ha dicho:
(5) “Hija mía, ¿has visto qué vestido tan doloroso me han hecho las criaturas, y cómo estas
espinas están encarnadas en mi Humanidad? Estas espinas han cerrado la puerta a la Divinidad,
al haber circundado toda mi Humanidad de la cual, sólo salía mi Divinidad en beneficio de las
criaturas. Ahora es necesario que tire parte de estas espinas y las vierta sobre las criaturas, y
corriendo por medio de las espinas la luz de mi Divinidad, pueda poner a salvo sus almas, por
esto es necesario que la tierra sea inundada de castigos, de terremotos, carestías, guerras, etc.,
para que se rompa esta vestidura de espinas que las criaturas me han puesto, y así la luz de la
Divinidad, penetrando en sus almas, las pueda desengañar y haga surgir tiempos mejores”.
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11-122
Abril 23, 1916
A cada pensamiento sobre la Pasión, el
alma toma luz de la Humanidad de Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver todo circundado de luz
que le salía de dentro de su Santísima Humanidad, que lo embellecía en modo tal de formar una
vista encantadora y raptora, yo quedé sorprendida y Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, cada pena que sufrí, cada gota de sangre, cada llaga, oración, palabra, acción,
paso, etc., produjo una luz en mi Humanidad capaz de embellecerme en modo tal, de tener
raptados a todos los bienaventurados. Ahora, el alma a cada pensamiento de mi Pasión, a cada
condolencia, a cada reparación, etc., que hace, no hace otra cosa que tomar luz de mi
Humanidad y embellecerse a mi semejanza, así que un pensamiento de más de mi Pasión, será
una luz de más que le llevará un gozo eterno”.
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11-123
Mayo 3, 1916
El alma en la Divina Voluntad ora como Jesús, satisface
al Padre y repara por todos tal como lo hizo Él.
(1) Mientras estaba rezando, mi amable Jesús se puso junto, y oía que también Él rezaba y
yo me puse a oírlo, entonces me dijo: