y por lo tanto no haga eco al mío, no armonice junto Conmigo, y Yo me veo obligado a quedarme
solo en mis dolores o en mis gozos, y estos dolores los tengo por las almas que, quién sabe
cuánto me prometían, pero a la hora de llevarlas a cabo he quedado defraudado de sus
promesas”.
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11-120
Abril 15, 1916
Siendo Jesús el Verbo, todo en Él habla amorosamente a las criaturas.
(1) Por las continuas privaciones de mi dulce Jesús vivo muriendo. Esta mañana me encontré
toda en Jesús, como si nadara en la inmensidad de mi Sumo Bien. Luego veía en mí y veía a
Jesús en mí, y sentía que todo el Ser de Jesús hablaba: Los pies, las manos, el corazón, la
boca, en suma todo eran voces, no sólo esto, sino la maravilla era que estas voces se hacían
inmensas, se multiplicaban por cada criatura, los pies de Jesús hablaban a los pies y a cada
paso de criatura, las manos a las obras, los ojos a las miradas, los pensamientos a cada
pensamiento. ¡Qué armonías entre Creador y criatura! ¡Qué encantadora vista! ¡Qué amor! Pero,
ay de mí, todas estas armonías eran destrozadas por las ingratitudes y por los pecados, el amor
era correspondido con las ofensas. Y Jesús todo afligido me dijo:
(2) “Hija mía, Yo soy el Verbo, es decir la Palabra, y es tanto el amor hacia la criatura, que me
multiplico en tantas voces por cuantos actos, pensamientos, afectos, deseos, etc., hace cada
criatura, para recibir de ellas la correspondencia de sus actos hechos por amor mío. Doy amor
y quiero amor, pero recibo ofensas; doy vida, y si pudieran me darían muerte; pero a pesar de
todo Yo continúo mi oficio amoroso.
(3) Ahora, has de saber que quien vive unido Conmigo y de mi Querer, también el alma,
nadando en mi inmensidad es toda voz junto Conmigo, así que si camina, sus pies hablan al
pecador; sus pensamientos son voces a las mentes, y así de todo lo demás; y solamente en
estas almas Yo encuentro como una recompensa en la obra de la Creación, y al ver que no
pueden nada por sí solas para corresponder a mi Amor y mantener las armonías entre Yo y
ellas, entran en mi Querer y se hacen dueñas, y obran a lo divino, mi Amor entonces encuentra
su desahogo, y las amo más que a todas las demás criaturas”.
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11-121
Abril 21, 1916
Vestiduras de espinas que las criaturas han
puesto sobre la Humanidad de Jesús.
(1) Continúan mis días amarguísimos, temo que Jesús algún día no venga ni siquiera por un
instante, y en mi dolor voy repitiendo: “Jesús, no me lo hagas; que no quieres hablar, está bien;
no quieres hacerme sufrir, me resigno; no quieres hacerme don de tus carismas, “Fiat”; pero que
no debas venir, esto no, Tú sabes que me costaría la vida y la misma naturaleza sin Ti hasta la
noche, se disolvería”. Y mientras esto decía, el bendito Jesús acrecentando mis amarguras, se
hizo ver diciéndome:
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