(3) ¿Pero quién puede decir el dolor de Jesús, el estado de violencia en el que se encontraba
y mi espanto, mi miedo? Y decía a mi Jesús: ¿Cómo puedo vivir entre tantas tragedias? O haces
que yo sea la víctima y perdonas a los pueblos, o bien llévame Contigo”.
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11-115
Enero 28, 1916
El amor reprimido es la amargura más
grande. Suspensión del estado de víctima.
(1) Me sentía oprimida y pensaba entre mí: “Todo ha terminado, estado de víctima,
sufrimientos, Jesús, todo”. Con el agregado de que el confesor no estaba bien y por eso tal vez
me tocaría estar sin la comunión. Sentía todo el peso de la suspensión de víctima por parte de
Jesús, y por parte de la obediencia no tenía ninguna orden, ni en favor ni en contra, y esto
aumentaba mi aflicción recordando que en marzo del año pasado no estando bien el confesor y
encontrándome en las mismas condiciones, Jesús me había dicho que si yo, o quien me guía
me hubiera tenido en el estado de víctima, habría protegido a Corato, y por eso ahora surgen
nuevos temores de que yo pueda ser la causa de algún grave mal aun para Corato. ¿Pero quién
puede decir todas mis aprehensiones y amarguras? Eran tantas que me sentía petrificar. Ahora,
el bendito Jesús teniendo compasión de mí, se hizo ver en mi interior y parecía que tenía una
mano apoyada en la frente, todo afligido, tanto que yo no me sentía con valor de llamarlo y en
voz baja le dije: “Jesús, Jesús”. Y Él me ha mirado, pero, ¡oh! Cómo era triste su mirada, y me
dijo:
(2) “Hija mía, ¡cuánto sufro! Si tú supieras las penas de quien te ama no harías otra cosa que
llorar. Sufro también por ti, porque no viniendo frecuentemente, mi Amor está reprimido y no me
desahogo, y al ver que tampoco tú te desahogas porque no me ves, y viéndote sufrir Yo sufro
más. ¡Ah! hija mía, el amor reprimido es la más grande amargura y lo que más tortura a un pobre
corazón. Pero si tú sufriendo te estás tranquila, Yo no sufro tanto, en cambio si te afliges y te
afanas en tu sufrir, Yo enloquezco y deliro, y me veo obligado a venir para desahogarme y
hacerte a ti desahogar, porque mis penas y las tuyas son hermanas; y además, tu estado de
víctima no ha terminado, mis obras son eternas, y si bien las suspendo, no es sin causa justa,
pero no es que las haga terminar, y además Yo veo las cosas en la voluntad y por lo tanto tú
eres tal como eras, porque tu voluntad no ha cambiado, y faltándote las penas no eres tú quien
recibe daño, sino más bien las criaturas porque no reciben los efectos de tus penas, esto es, la
supresión de los castigos. Sucede como con las criaturas que ocupan oficios públicos, puestos
de gobierno por un tiempo dado, y que después de retirarse tienen su paga de por vida a pesar
de que no ocupen ya aquellos puestos. ¿Y Yo debería ser menos que las criaturas? ¡Ah, no! Si
a los gobernantes y a los administradores les dan pensiones de por vida, Yo las doy “in eterno”;
por lo tanto no debes preocuparte por las pausas que hago. Y además, ¿de qué temes? ¿Has
olvidado cuánto te amo? Quien te guía será previsor, conociendo todas las cosas como están y
como han ido, y Yo tendré cuidado de Corato. Y a ti te tendré estrechada en mis brazos en
cualquier cosa que pueda suceder”.
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