11-113
Diciembre 10, 1915
El alma debe hacer suyas las oraciones, las obras, los
sufrimientos de Jesús y todo el bien que produjeron.
(1) Me sentía afligidísima porque mi dulce Jesús, mi vida, mi todo, no se hacía ver. Yo me
lamentaba, si me fuera posible quisiera ensordecer con mis lamentos al Cielo y a la tierra para
moverlo a compasión de mi pobre estado. ¡Qué gran desventura, conocerlo, amarlo y quedar
privada de Él! ¿Se puede dar desventura mayor? Pero mientras me lamentaba, el bendito Jesús
haciéndose ver en mi interior, me ha dicho con un aspecto severo:
(2) “Hija mía, no me tientes. Te lo he dicho todo para hacerte estar tranquila, te he dicho que
cuando me abstengo de venir es porque debo apretar en los castigos, pues esto lo exige mi
Justicia; y te he explicado también las razones. Primero no me creías que era para castigar por
lo que Yo no venía como de costumbre, porque no oías que en el mundo sucedían grandes
castigos; ahora sí lo oyes, y a pesar de esto dudas aún, ¿no es esto tentarme?”
(3) Yo temblaba al ver y al oír a Jesús tan severo, y para tranquilizarme ha cambiado su
aspecto y todo benignidad agregó:
(4) “Hija mía, ánimo, Yo no te dejo, sino estoy dentro de ti, si bien no siempre me ves; y tú
únete siempre Conmigo, si rezas tu oración corra en la mía y hazla tuya, así todo lo que hice
con mis oraciones, la gloria que di al Padre, el bien que impetré a todos, lo harás también tú; si
obras, haz que tu acto corra en el mío, y éste hazlo tuyo, así tendrás en tu poder todo el bien
que hizo mi Humanidad, que santificó y divinizó todo; si sufres, tu sufrir corra en el mío, y éste
hazlo tuyo, y así tendrás en tu poder todo el bien que hice en la Redención. Con esto tomarás
los tres puntos esenciales de mi Vida, y a medida que lo hagas, saldrán de ti mares inmensos
de gracia que se derramarán para bien de todos, y Yo veré tu vida no como tuya, sino como
mía”.
+ + + +
11-114
Enero 12, 1916
Todas las naciones se han unido en el
ofender a Dios, y han conspirado contra Él.
(1) Estaba lamentándome con Jesús bendito de sus acostumbradas privaciones, y lloraba
amargamente, y mi adorable Jesús ha venido, pero en un estado doloroso, y me hacía ver cómo
las cosas irán empeorando siempre más, y esto me hacía llorar aún más, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú lloras por los tiempos presentes, pero Yo lloro por los futuros. ¡Oh, en qué
laberinto se encontrarán las naciones, tanto que una formará el terror y la muerte de la otra, y
no sabrán reaccionar por ellas mismas, harán cosas de locos, de ciegos, hasta actuar contra
ellas mismas. Este es el laberinto en el que se encuentra la pobre Italia, cuántos golpes recibirá!
Recuerda que hace años te dije que merecía el castigo, que la haría invadir por naciones
extranjeras, y esta es la trama que le están tejiendo. Cómo quedará humillada y aniquilada.
Demasiado ingrata me ha sido. Mis naciones predilectas: Italia y Francia, son aquellas que más
me han desconocido, se han dado la mano para ofenderme; justo castigo, se darán la mano en
quedar humilladas, pero serán también ellas las que más harán la guerra a mi Iglesia. ¡Ah hija
mía, casi todas las naciones se han unido en ofenderme, han conjurado contra Mí. ¿Qué mal
les he hecho? Así que casi todas merecen el castigo”.