de mi corazón por los tantos miembros lacerados que siento en mi Humanidad de tantas
criaturas, mi único alivio es sentir repetir mi Vida, así siento los miembros de las criaturas
consolidarse en Mí”.
+ + + +
11-107
Octubre 28, 1915
La Vida de Jesús es simiente.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Vida sobre la tierra no fue otra cosa que semilla sembrada, donde mis hijos
cosecharán siempre que se estén en el terreno donde he sembrado esta semilla, y según su
actitud de cosechar, mi semilla reproducirá su fruto. Ahora, esta semilla son mis obras, palabras,
pensamientos, también mis respiros, etc., entonces si el alma las cosecha todas, haciéndolas
suyas, se enriquecerá de tal manera que podrá comprar el reino de los Cielos, pero si no, esta
semilla le servirá de condena”.
+ + + +
11-108
Noviembre 1, 1915
Jesús quiere desahogarse en el amor.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús no me ha hecho esperar mucho, ha venido, pero afanado,
inquieto, y arrojándose en mis brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, dame reposo, hazme desahogar en amor. Si la Justicia quiere su desahogo
puede desahogarse con todas las criaturas, mi Amor en cambio puede desahogarse solamente
con quien me ama, con quien está herido por mi mismo Amor, y delirando va buscando
desahogo en mi Amor, pidiéndome más amor, y si mi Amor no encontrase una criatura que me
hiciera desahogar, mi Justicia se encendería mayormente y daría el último golpe para destruir a
las pobres criaturas”.
(3) Y mientras esto decía me besaba, volvía a besarme y me decía:
(4) “Te amo, pero con amor eterno; te amo, pero con amor inmenso; te amo, pero con un amor
incomprensible para ti; te amo, pero con un amor que jamás tendrá límites ni fin; te amo con un
amor que nunca me podrás igualar”.
(5) ¿Pero quién puede decir todos los títulos que Jesús decía del amor con que me ama? Y a
cada modo de los que decía esperaba mi respuesta, yo, no sabiendo qué decirle, ni teniendo
movimiento suficiente para poderlo igualar le he dicho: “Vida mía, Tú sabes que no tengo nada
y que todo lo que hago lo tomo de Ti, y luego lo dejo en Ti de nuevo para hacer que mis cosas,
estando en Ti, tengan continua actitud y vida en Ti, y yo permanezco siempre nada, por eso
tomo tu amor y lo hago mío y te digo: “Te amo con amor eterno, inmenso, con un amor que no
tiene límites ni fin y que es igual al tuyo”. Y lo besaba y lo volvía a besar, y a medida que repetía
“te amo”, Jesús se aquietaba y tomaba reposo y ha desaparecido. Después, volviendo, hacía
ver su Santísima Humanidad magullada, herida, desgarrada, dislocada, toda sangre. Yo ante
eso he quedado horrorizada y Jesús me ha dicho:
(6) “Hija mía, mira, tengo en Mí a todos los pobres heridos que están bajo las balas y sufro
junto con ellos, y quiero que también tú tomes parte en estas penas para su salvación”.