(2) “Hija mía, los flagelos harán resurgir los pueblos, pero serán tantos, que todos los pueblos
serán recubiertos de dolor y de luto, y siendo las criaturas mis miembros, por eso estoy cubierto
por un manto negro por causa de ellas”.
(3) Yo me consternaba toda y le suplicaba que se aplacara, y Él para consolarme me ha dicho:
(4) “Hija mía, el Fiat debe ser el dulce nudo que ate todos tus actos, así que mi Voluntad y la
tuya formarán el nudo, y has de saber que cada pensamiento, palabra, acto, anudado con mi
Voluntad, son otros tantos canales de comunicación que se abren entre Yo y la criatura; si todos
tus actos son anudados con mi Voluntad, ningún canal de comunicación divina estará cerrado
entre Yo y tú”.
+ + + +
11-105
Octubre 2, 1915
El alma trata de tomar parte en las amarguras de Jesús.
(1) Después de haber sufrido mucho por las privaciones de mi siempre amable Jesús, Él vino
por poco, pero tan sufriente que aterrorizaba. Yo me hice el ánimo y me acerqué a su boca y
habiéndolo besado me puse a chupar, quién sabe, tal vez lograra aliviarlo extrayéndole parte de
sus amarguras. Con mi sorpresa, lo que otras veces no había podido hacer, he tenido éxito en
extraerle un poco de amargura, pero Jesús estaba tan sufriente que parecía que no lo advertía,
pero después que hice esto, como si se estremeciera me ha mirado y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no puedo más, no puedo más, la criatura ha llegado al colmo y me llena de tal
amargura, que mi Justicia estaba a punto de decretar la destrucción general, pero tú has llegado
a extraerme un poco de amargura, así mi Justicia podrá esperar aún, pero los castigos se
acrecentarán más. ¡Ah, el hombre me incita, me dispone a llenarlo y casi a saturarlo de dolores
y de castigos, de otra manera no se convertirá”.
(3) Entonces yo me apresuré a pedirle que se aplacase, y Él con un acento conmovedor me
ha dicho: “¡Ah hija mía, ah hija mía!” Y ha desaparecido.
+ + + +
11-106
Octubre 25, 1915
Complacencia de Jesús al sentir repetir por el alma lo que Él hizo.
(1) Continuando mi habitual estado entre privaciones y amarguras, estaba pensando en la
Pasión de mi amable Jesús, y Él me iba repitiendo:
(2) “Vida mía, vida mía. Mamá mía, mamá mía”.
(3) Yo sorprendida le de dicho: “¿Qué quiere decir esto?”
(4) Y Jesús: “Hija mía, conforme siento repetir en ti mis pensamientos, mis palabras, amar con
mi amor, querer con mi Voluntad, desear con mis deseos y todo lo demás, así siento correr mi
Vida en ti y repetir los mismos actos míos, y por eso es tanta mi complacencia que voy repitiendo:
“Vida mía, vida mía”. Y cuando pienso en lo que sufrió mi querida Mamá que quería tomar todas
mis penas para sufrirlas Ella en lugar mío, y como tú buscas imitarla pidiéndome sufrir tú las
penas que las criaturas me dan, voy repitiendo: “Mamá mía, mamá mía”. En tantas amarguras
635 sig