(3) Después ha agregado: “Hija, quien hace de verdad mi Voluntad es puesto en las mismas
condiciones en las que fue puesta mi Humanidad. Yo era Hombre y Dios, como Dios contenía
en Mí todas las felicidades, bienaventuranzas, bellezas y todos los bienes que poseo. Mi
Humanidad por una parte tomaba parte de mi Divinidad, y por lo tanto era bienaventurada, feliz,
su visión beatífica no se le separaba jamás; por otro lado, habiendo mi Humanidad tomado sobre
Ella la satisfacción de las criaturas ante la Divina Justicia, era atormentada por la vista clara de
todas las culpas, y debiendo tomarlas sobre Ella para satisfacerlas, sentía lo horrible de cada
pecado con su tormento especial, por lo tanto, al mismo tiempo sentía alegría y dolor, sentía
amor por parte de mi Divinidad, frialdad por parte de las criaturas; santidad por una parte, pecado
por la otra, no había cosa que me escapara, ni aun la más mínima de las que las criaturas
hacían. Ahora, mi Humanidad no es capaz ya de sufrir, por eso en quien hace mi Voluntad Yo
vivo en ella, y ella me sirve de humanidad, por eso el alma siente por una parte amor, paz,
firmeza en el bien, fortaleza y demás; y por la otra parte frialdad, molestias, cansancio, etc.
Entonces, si el alma se está del todo en mi Voluntad y toma todas esas cosas no como cosas
suyas, sino como cosas que sufro Yo, no se abatirá, sino me compadecerá y tendrá como un
honor que la haga participar de mis penas, porque ella no es otra cosa que un velo que me
cubre, y no sentirá más que las molestias de las espinas, del hielo, pero es en Mí, en mi corazón
en quien serán clavadas”.
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11-98
Julio 25, 1915
Cómo Jesús es desventurado en el amor. Jesús quiere consuelo.
(1) Continuando mi habitual estado me lamentaba con Jesús por sus acostumbradas
privaciones, y Él siempre benigno me compadecía diciéndome:
(2) “Hija mía, sé valiente, seme fiel en estos tiempos de tragedias y carnicerías horrendas, y
de amarguras intensas para mi corazón”.
(3) Y casi sollozando ha agregado: “Hija mía, en estos tiempos Yo me siento como un
desventurado: Me siento desventurado con el herido sobre el campo de batalla, desventurado
por el que muere en su propia sangre abandonado por todos, desventurado con el pobre que
siente el peso del hambre, siento la desventura de tantas madres que les sangra el corazón por
sus hijos en la guerra, ¡ah, todas las desventuras pesan sobre mi corazón y por ellas quedo
traspasado! Y de frente a todas estas desventuras veo a la Divina Justicia que quiere hacer salir
en campo el divino furor contra las criaturas, desgraciadamente rebeldes e ingratas, y además,
¿quién te puede decir cuán desventurado soy en el amor? ¡Ah, las criaturas no me aman, y a
tanto amor mío soy correspondido con repetidas ofensas!
(4) Hija mía, en tantas desventuras mías, en vez de consolar quiero consuelo, quiero las almas
que me aman en torno a Mí, que me hagan fiel compañía, y todas sus penas me las den a Mí
para alivio de mis desventuras y para implorar gracia a los pobres desventurados, y según me
sean fieles las almas en estos tiempos de flagelos y de desventuras, cuando la Divina Justicia
se haya aplacado, recompensaré a las almas que me han sido fieles y han tomado parte en mis
desventuras”.
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