+ + + +
11-94
Mayo 25, 1915
Los hombres son obedientes a los gobiernos que
usan la fuerza, pero no a Dios que usa el amor.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús, en cuanto se ha hecho
ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, el flagelo es grande, pero a pesar de esto los pueblos no se estremecen, más
bien permanecen casi indiferentes, como si debieran asistir ala representación de una escena
trágica y no a una realidad; en lugar de venir todos humillados a mis pies a llorar y a implorar
piedad, perdón, están más bien atentos a oír lo que sucede. ¡Ah, hija mía, qué grande es la
perfidia humana! Mira como son obedientes a los gobiernos; sacerdotes, seglares, no pretenden
nada, no rehúsan ningún sacrificio y deben estar dispuestos a dar la propia vida; ah, sólo para
Mí no hay obediencia ni sacrificios, y si alguna cosa hacen, son más las pretensiones y los
intereses, y esto porque los gobiernos usan la fuerza, pero Yo uso el amor; para las criaturas
este amor es desconocido y ante él se están indiferentes, como si Yo no mereciera nada de
ellas”.
(3) Pero mientras esto decía ha roto en llanto, ¡qué dolor tan cruel ver llorar a Jesús! Luego
continuó:
(4) “Pero la sangre y el fuego purificarán todo y harán que el hombre se arrepienta, pero
mientras más se tarde en volver, tanta más sangre correrá y será tal la carnicería, que el hombre
jamás lo hubiera pensado”.
(5) Y mientras esto decía me hacía ver esta carnicería humana. Qué dolor vivir en estos
tiempos, pero sea siempre hecho el Querer Divino.
+ + + +
11-95
Junio 6, 1915
En la Voluntad de Dios todo se reduce en
amor para Dios y para el prójimo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús mientras se mantiene
oculto, me quiere toda atenta a Él y para abogar continuamente por mis hermanos, y mientras
rezaba y lloraba por la salvación de los pobres combatientes, queriéndome estrechar con Jesús
para suplicarle de tal manera que ninguno de ellos se perdiera, llegaba a decirle desatinos, y
Jesús, si bien afligido, parecía que gozaba por mis insistencias y como que cedía a lo que yo le
pedía, pero un pensamiento ha volado en mi mente: “Que yo debería pensar más bien en mi
propia salvación”. Y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mientras pensabas en ti has producido una sensación humana, y mi Voluntad
toda Divina la ha notado. En mi Voluntad todo se resuelve en amor para Mí y para el prójimo, no
hay cosas propias, porque conteniendo sólo mi Voluntad, el alma contiene para sí todos los
bienes posibles, y si los contiene, ¿por qué pedírmelos? ¿No es justo más bien que se ocupe
en rezar por quien no tiene? Ah, si supieras por qué desgracias pasará la mísera humanidad,
serías más activa en mi Voluntad en favor de ella”.
629 sig