11-91
Abril 24, 1915
Cómo lo que sufrió Jesús en la corona espinas es incomprensible
a mente creada. Mucho más dolorosos que aquellas espinas se
clavaban en su mente todos los malos pensamientos de las criaturas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando cuánto sufrió el bendito Jesús al
ser coronado de espinas, y Jesús haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, los dolores que sufrí son incomprensibles a mente creada; pero mucho más
dolorosos que aquellas espinas se clavaban en mi mente todos los pensamientos malos de las
criaturas, de modo que de todos estos pensamientos de las criaturas ninguno se me escapaba,
todos los sentía en Mí, así que no sólo sentía las espinas, sino también el horror de las culpas
que aquellas espinas clavaban en Mí”.
(3) Entonces, traté de ver al amable Jesús, y veía su santísima cabeza circundada como por
una corona de espinas que le salían de dentro. Todos los pensamientos de las criaturas estaban
en Jesús, y de Jesús pasaban a ellas y de ellas a Jesús y en Él quedaban como concatenados
juntos. ¡Oh, cómo sufría Jesús! Después ha agregado:
(4) “Hija mía, sólo las almas que viven en mi Voluntad pueden darme verdaderas reparaciones
y endulzarme espinas tan punzantes, porque viviendo en mi Voluntad, mi Voluntad se encuentra
en todas partes, y ellas encontrándose en Mí y en todos, descienden en las criaturas y suben a
Mí y me traen todas las reparaciones y me endulzan, y hacen cambiar en las mentes las tinieblas
en luz”.
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11-92
Mayo 2, 1915
Penas de Jesús por los castigos.
(1) Mis días son siempre más amargos. Esta mañana mi dulce Jesús ha venido en un estado
tan sufriente que no se puede expresar, al verlo tan sufriente, yo a cualquier costo habría querido
darle un alivio, pero no sabiendo qué hacer me lo he estrechado al corazón y acercándome a su
boca, con la mía buscaba extraer parte de sus amarguras internas, ¿pero qué? Por cuanta
fuerza hacía al chupar no salía nada, volvía a intentarlo con más esfuerzos, pero todo era inútil,
Jesús lloraba, yo lloraba al ver que en nada podía aliviar sus penas. ¡Qué suplicio cruel! Jesús
lloraba porque quería hacer salir todo, pero su Justicia lo impedía, yo lloraba al verlo llorar y
porque no podía ayudarlo; son penas que faltan las palabras para expresarlas. Y Jesús
sollozando me ha dicho:
(2) “Hija mía, los pecados arrancan de mis manos los flagelos, las guerras, Yo estoy obligado
a permitirlas, pero al mismo tiempo lloro y sufro con la criatura”.
(3) Yo me sentía morir por el dolor, y Jesús queriéndome distraer ha agregado:
(4) “Hija mía, no te abatas, también esto está en mi Voluntad, porque únicamente las almas
que viven en mi Voluntad son las que pueden hacer frente a mi Justicia, sólo aquellas que viven
de mi Querer tienen libre el acceso para entrar a participar en los decretos divinos, y abogar en
favor de sus hermanos. Quienes habitan en mi Voluntad son los que poseen todos los frutos de
mi Humanidad, porque mi Humanidad tenía sus límites, mientras que mi Voluntad no tiene
límites, y mi Humanidad vivía en mi Voluntad, cubierta por Ella, por dentro y fuera. Ahora, las
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