su propia Madre, ¡oh, cuántos están ya listos para desatarla! Por ahora la guerra es entre
gobiernos, naciones, pero dentro de poco harán guerra a la Iglesia, y sus más grandes enemigos
serán sus propios hijos. Mi corazón está lacerado por el dolor, pero a pesar de esto tolero que
pase esta borrasca y que la faz de la tierra, las iglesias, sean lavadas por la sangre de aquellos
mismos que la han ensuciado y contaminado. También tú únete con mi dolor, reza y ten
paciencia mientras ves pasar esta borrasca”.
(3) ¿Pero quién puede decir mi dolor? Me sentía más muerta que viva. Sea siempre bendito
Jesús y sea hecho siempre su Santo Querer.
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11-90
Abril 3, 1915
La Divina Voluntad es como cielo y sol del alma.
(1) Mi siempre amable Jesús continúa viniendo de vez en cuando, pero sin cambiar su actitud
de amenazas y de flagelos, y si tarda en venir, viene con un aspecto que da piedad, cansado,
desfallecido, me atrae hacia Él y me transforma en Él, luego entra en mí y se transforma en mí,
quiere que yo bese una por una sus llagas, que las adore y repare. Y después de que se ha
hecho aliviar su Santísima Humanidad me dice:
(2) “Hija mía, hija mía, es necesario que venga a ti de vez en cuando a tomar reposo, a
hacerme aliviar, a desahogarme, de otra manera al mundo lo haría devorar por el fuego”.
(3) Y sin darme tiempo para decirle nada huye. Ahora, esta mañana encontrándome en mi
habitual estado y tardando Él en venir, pensaba entre mí: “¿Que habría sido de mí en estas
privaciones de mi dulce Jesús si no fuera por el Santo Querer Divino? ¿Quién me habría dado
vida, fuerza, ayuda? ¡Oh Santo Querer Divino, en Ti me encierro, en Ti me abandono, en Ti
reposo! ¡Ah, todos me huyen, también el sufrir, y también el mismo Jesús que parecía que no
sabía estar sin mí! Sólo Tú no me huyes, ¡oh Querer Santo, te ruego que cuando veas que mis
débiles fuerzas no pueden más, muéstrame a mi dulce Jesús que se esconde de mí y que Tú
posees!” ¡Oh Querer Santo, te adoro, te beso, te agradezco, pero no seas cruel conmigo!” Y
mientras así pensaba y rezaba, me he sentido investir por una luz purísima, y el Querer Santo
develándome a Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, el alma sin mi Voluntad habría sido como la tierra si no hubiera tenido ni cielo,
ni estrellas, ni sol, ni luna; la tierra por sí misma no es otra cosa que precipicios, montañas,
aguas, tinieblas, si la tierra no tuviera un cielo, un sol encima de ella para alumbrar al hombre el
camino para hacerle conocer los diversos peligros que la tierra contiene, el hombre iría al
encuentro, ahora de precipitarse, ahora de ahogarse, etc., pero el cielo le está encima,
especialmente el sol, el cual en su mudo lenguaje dice al hombre: “Mira, yo no tengo ojos, ni
manos, ni pies, sin embargo soy la luz de tu ojo, la acción de tu mano, el paso de tu pie, y cuando
debo iluminar otras regiones, te dejo el centelleo de las estrellas y la claridad de la luna para
continuar mi oficio. Ahora, habiendo dado al hombre un cielo para bien de la naturaleza, también
al alma, siendo ésta más noble, le he dado el cielo de mi Voluntad, porque también el alma
contiene precipicios, alturas y barrancos, cuales son las pasiones, las virtudes, las tendencias y
otras cosas. Ahora, si el alma se quita de debajo del cielo de mi Voluntad, no hará otra cosa que
precipitarse de culpa en culpa, las pasiones la ahogarán y las alturas de las virtudes se
cambiarán en abismos. Así que como en la tierra sin el cielo estaría todo en desorden e
infecundo, así el alma sin mi Voluntad”.
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