11-88
Marzo 6, 1915
Jesús suspende en parte el estado de victima
de Luisa para dar curso a la Justicia.
(1) Estando en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino por poco, y como el confesor
no estaba bien de salud, y habiéndose interrumpido mi estado, no como una vez cuando volvía
en mí por la llamada por la obediencia, por eso le he dicho a Jesús: “¿Qué quieres que haga?
¿Debo permanecer, o bien tratar de volver en mí cuando me sienta libre?”
(2) Y Jesús: “Hija mía, ¿quieres acaso tú que actúe como antes, que no sólo te ordenaba
estar firme, sino que te ataba en tal modo que no podías volver en ti sino sólo con la obediencia?
Si lo hiciera así ahora, mi Amor se encontraría en estrecheces y mi Justicia encontraría un
obstáculo para desahogarse plenamente sobre las criaturas, y tú podrías decirme: “Como me
tienes atada como víctima de sufrimiento por amor tuyo y por las criaturas, así yo te ato, en
modo de detener a tu Justicia para que no se desahogue sobre las criaturas”. Así que las
guerras, los preparativos que están haciendo otras naciones para ponerse en guerra terminarían
todas en un juego. ¡No lo puedo, no lo puedo! A lo más, si quieres estar tú o te quiere tener el
confesor, si así lo hacen tendré alguna consideración por Corato, le evitaré alguna cosa, pero
mientras tanto las cosas van avanzando más y mi Justicia quiere que no estés más en este
estado, para poder de inmediato mandar otros flagelos y hacer entrar a otras naciones en guerra
y humillar la soberbia de las criaturas, porque donde creen que habrá victorias encontrarán
derrotas. ¡Ah, mi amor lo llora, pero mi Justicia exige su satisfacción! Hija mía, paciencia”.
(3) Y habiendo dicho esto ha desaparecido. ¿Pero quién puede decir cómo quedé? Me sentía
morir, porque si salgo por mí sola de mi estado, podría pensar que yo habría sido la causa de
hacer aumentar los flagelos, y por lo tanto de hacer entrar a otras naciones en guerra,
especialmente a Italia. ¡Qué dolor, qué pena! Sentía todo el peso de la suspensión de mi estado
por parte de Jesús y pensaba entre mí: “Quien sabe, tal vez Jesús no permite que el confesor
esté bien para poner en guerra a Italia”. Cuántas dudas y temores, y habiendo salido por mí
misma de mi estado, he pasado una jornada de lágrimas y de intensa amargura.
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11-89
Marzo 7, 1915
Castigos. Los hijos de la Iglesia serán sus más fieros enemigos.
(1) El pensamiento de los flagelos y de que yo los pudiera fomentar por salirme por mí de mi
estado, me traspasaba el corazón. El confesor continuaba sin estar bien, y yo rezaba y lloraba,
y no sabía decidirme. El bendito Jesús venía como relámpago y huía y me dejaba libre.
Finalmente, movido a compasión vino y compadeciéndome y acariciándome me dijo:
(2) “Hija mía, tu constancia me vence. El amor y la oración me atan y casi me hacen guerra,
por eso he venido a entretenerme un poco contigo, no pudiendo resistir más; pobre hija, no
llores, heme aquí todo para ti, paciencia, ánimo, no te abatas. Si tú supieras cuánto sufro, pero
la ingratitud de las criaturas a esto me obliga, los pecados enormes, la incredulidad, el querer
casi desafiarme, y todo esto es lo menos, si te dijera de la parte religiosa, ¡cuántos sacrilegios!
¡Cuántas rebeliones! ¡Cuántos que se fingen hijos míos y son mis más encarnizados enemigos!
Estos fingidos hijos son usurpadores, interesados, incrédulos, sus corazones son cloacas de
vicios, y estos hijos serán los primeros en desatar la guerra contra la Iglesia y buscarán matar a
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