(3) Y parece que Jesús sufre tanto que se queda sin palabras y se oculta más adentro de mi
corazón, de modo que desaparece del todo. Y cuando cansada de mi estado doloroso renuevo
los lamentos, lo llamo y le digo: “Jesús, ¿no sabes las tragedias que están sucediendo? ¿Cómo
es posible que tu piadoso corazón pueda soportar tales estragos en tus hijos?” Y parece que Él
apenas se mueve en mi interior, como si no se quisiera hacer sentir, y siento dentro de mi respiro
otro respiro afanoso, como si estuviera en agonía, es el respiro de Jesús, porque advierto que
es dulce, pero mientras me consuela toda me hace sentir penas mortales, porque en aquel
respiro siento el respiro de todos, especialmente los de tantas vidas muriendo y que Jesús sufre
con ellos el estertor de la agonía. Otras veces parece que se duele tanto, que manda tristes
lamentos, de mover a piedad los corazones más duros. Ahora, continuando con mis lamentos,
esta mañana al venir me ha dicho:
(4) “Hija mía, la unión de nuestros quereres es tanta, que no se distingue cuál sea el querer
del Uno y cual el del Otro; y esta unión de Voluntad, que forma toda la perfección de las Tres
Divinas Personas, porque como somos uniformes en la Voluntad, esta uniformidad lleva
uniformidad de santidad, de sabiduría, de belleza, de potencia, de amor y de todo lo demás de
nuestro Ser, así que nos vemos como en un espejo recíprocamente Uno en el Otro, y es tanta
nuestra complacencia al mirarnos, que nos vuelve plenamente felices. Entonces Uno refleja en
el Otro, y cada cualidad de nuestro Ser, como tantos mares inmensos diferentes en sus gozos,
uno descarga en el otro, por eso, si alguna cosa fuera disímil entre Nosotros, nuestro Ser no
podría ser ni perfecto ni plenamente feliz. Ahora, al crear al hombre infundimos en él nuestra
imagen y semejanza para poder arrollar al hombre en nuestra felicidad, y reflejarnos y hacernos
felices en él, pero el hombre rompió el primer anillo de conjunción, de voluntad entre él y el
Creador, y por lo tanto perdió la verdadera felicidad, es más, cayeron sobre él todos los males,
por eso ni podemos reflejarnos en él ni hacernos felices, sólo en el alma que hace en todo
nuestro Querer lo hacemos y gozamos el fruto completo de la Creación; porque aun en aquellos
que tienen alguna virtud, que rezan, que frecuentan los Sacramentos, pero si no son uniformes
a nuestro Querer no podemos reflejarnos en ellos, porque como está separada la voluntad de
ellos de la nuestra, todas las cosas están desordenadas y revueltas. ¡Ah, hija mía, sólo nuestra
Voluntad es acepta, porque reordena, hace feliz y lleva consigo todos los bienes! Por eso
siempre y en todo haz mi Voluntad, no pongas atención a otra cosa”.
(5) Y yo: “Amor mío y vida mía, ¿cómo puedo uniformarme a tu Voluntad, a los tantos flagelos
que estás mandando? Se necesita demasiado para decir “Fiat”, y además, ¿cuántas veces me
has dicho que si yo hacía tu Querer, Tú habrías hecho el mío? Y ahora, cómo has cambiado”.
(6) Y Jesús: “No soy Yo quien ha cambiado, es que ha llegado a tanto la criatura que se ha
hecho insoportable. Acércate y chupa de mi boca las ofensas que las criaturas me envían, y si
tú puedes tragarlas, Yo suspenderé los castigos”.
(7) Entonces me he acercado a su boca y con avidez chupaba, pero con sumo dolor mío me
esforzaba por tragarlo y no podía, me sofocaba, volvía a hacer nuevos esfuerzos y no lo lograba,
entonces Jesús con voz tierna y sollozando me ha dicho:
(8) “¿Has visto? No puedes pasarlo, arrójalo a tierra y caerá sobre las criaturas”.
(9) Entonces yo lo he arrojado, y también Jesús lo arrojaba de su boca sobre la tierra diciendo:
“¡Es nada aún, es nada aún”.
(10) Y ha desaparecido.
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