Ella, y esta Voluntad desarrollará en ti mi Pasión, y por cuanto más estrechada a mi Voluntad
estés, tanto más sentirás en ti mi Pasión. Si haces correr en ti como vida a mi Voluntad, Ella
hará correr en ti mi Pasión, así que la sentirás correr en cada uno de tus pensamientos, en tu
boca sentirás impregnada la lengua y tu palabra saldrá caliente de mi sangre y elocuentemente
hablarás de mis penas; tu corazón estará lleno de mis penas, y en cada latido que hará, a todo
tu ser llevará la marca de mi Pasión, y Yo te iré siempre repitiendo: “He aquí mi Vida, he aquí mi
Vida”. Y me deleitaré en darte sorpresas, narrándote ahora una pena y ahora otra, aún no
conocida ni comprendida por ti. ¿No estás contenta?”
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11-85
Diciembre 17, 1914
La Divina Voluntad forma la verdadera y perfecta
consagración de la Vida Divina en el alma.
(1) Continuando mi habitual estado y estando muy afligida por las privaciones de Jesús,
después de mucho esperarlo ha venido, haciéndose ver en todo mi pobre ser, y yo, me parecía
como si fuera la vestidura de Jesús, y rompiendo su silencio me dijo:
(2) “Hija mía, también tú puedes formar hostias y consagrarlas. ¿Ves la vestidura que me
cubre en el Sacramento? Son los accidentes del pan con los cuales es formada la hostia, la Vida
que existe en esta hostia es mi cuerpo, mi sangre y mi Divinidad, la actitud que contiene esta
Vida es mi Suprema Voluntad, y esta Voluntad desarrolla el amor, la reparación, la inmolación y
todo lo demás que hago en el Sacramento, el cual no se separa ni un punto de mi Querer; no
hay cosa que salga de Mí de la cual mi Querer no vaya delante. Y he aquí cómo también tú
puedes formar la hostia: La hostia es material y hechura del todo humana; también tú tienes un
cuerpo material y una voluntad humana, este cuerpo tuyo y esta tu voluntad, si los mantienes
puros, rectos, alejados de cualquier sombra de pecado, son los accidentes, los velos para
poderme consagrar y vivir escondido en ti. Pero esto no basta, sería como en la hostia sin la
consagración, por eso se necesita mi Vida; mi Vida está compuesta de santidad, de amor, de
sabiduría, de potencia, etc., pero el motor de todo es mi Voluntad, por eso después de que has
preparado la hostia, debes hacer morir tu voluntad en esa hostia, la debes cocer bien, bien, para
hacer que no renazca más, y debes hacer entrar en todo tu ser a mi Voluntad, y Ésta, que
contiene toda mi Vida, formará la verdadera y perfecta consagración. Así que no tendrá más
vida el pensamiento humano, sino el pensamiento de mi Querer, y esta consagración creará mi
sabiduría en tu mente, no más vida de lo humano, la debilidad, la inconstancia, porque mi
Voluntad formará la consagración de la Vida Divina, de la fortaleza, de la firmeza y de todo lo
que Yo soy. Entonces, cada vez que hagas correr tu voluntad en la mía, en tus deseos y en todo
lo que eres y puedes hacer, Yo renovaré la consagración, y como en hostia viviente, no muerta
como son las hostias sin Mí, Yo continuaré mi Vida en ti. Pero esto no es todo, en las hostias
consagradas, en los copones, en los sagrarios, todo está muerto, mudo, no hay sensiblemente
un latido, un ímpetu de amor que pueda responder a tanto amor mío. Si no fuera porque espero
a los corazones para darme a ellos, Yo sería bien infeliz, quedaría defraudado en mi Amor y sin
finalidad mi Vida Sacramental; y si esto lo tolero en los tabernáculos, no lo toleraré en las hostias
vivientes. A la vida le es necesaria la nutrición, y Yo en el Sacramento quiero ser alimentado,
pero quiero ser nutrido y alimentado con mi mismo alimento, esto es, el alma hará suya mi
Voluntad, mi Amor, mis oraciones, las reparaciones, los sacrificios, y me los dará a Mí como
cosas suyas, y Yo me nutriré. El alma se unirá Conmigo, escuchará atenta para oír lo que estoy
haciendo para hacerlo junto Conmigo, y conforme repita mis mismos actos me dará su alimento,