11-84
Noviembre 20, 1914
Necesidad de escribir sobre los castigos. La Divina
Voluntad y el Amor forman en el alma la
Vida y Pasión de Jesús.
(1) Me sentía muy afligida por las privaciones de Jesús bendito, mucho más por los flagelos
que actualmente están lloviendo sobre la tierra, y que Jesús hace tantos años, tantas veces me
había dicho. Me parece que en los tantos que me ha tenido en cama, dividíamos juntos el peso
del mundo, sufríamos y trabajábamos juntos en provecho de todas las criaturas. Me parece que
el estado de víctima en el que el amable Jesús me había puesto, concatenaba juntas entre yo y
Él a todas las criaturas, no había cosa que Jesús hiciera o castigo que debiera mandar, que no
me lo hiciera saber, y yo hacía tanto ante Él, que o disminuía el castigo o lo suprimía. Oh, cómo
me aflige el pensamiento de que Jesús se haya retirado en Sí todo el peso de las criaturas, y
que a mí como indigna de trabajar junto con Él me haya dejado a un lado. Pero otras aflicciones
aún, porque Jesús en sus escapadas que hace, continúa diciéndome que las guerras y los
flagelos que ahora caen son nada aún, mientras que parece que son demasiado, y otras
naciones se pondrán en guerra, y no sólo, sino que con el tiempo desatarán guerras contra la
Iglesia, atacarán personas sagradas y las matarán. ¡Cuántas Iglesias serán profanadas! Yo, en
verdad, he omitido por cerca de dos años escribir acerca de los castigos que Jesús
frecuentemente me ha manifestado, en parte porque son cosas repetidas, y en parte porque
escribir acerca de los castigos me hace tanto mal que no puedo continuar; pero Jesús, una tarde
mientras escribía lo que me había dicho sobre su Santísima Voluntad, y habiendo pasado por
alto lo que me había dicho de los castigos, reprochándomelo dulcemente me dijo:
(2) “¿Por qué no has escrito todo?”
(3) Y yo: “Amor mío, no me parecía necesario, además, Tú sabes cuánto sufro”.
(4) Y Jesús: “Hija mía, si no fuera necesario no te lo diría, además, estando tu estado de
víctima unido con los eventos que mi providencia dispone sobre las criaturas, y viéndose en tus
escritos este entrelazamiento entre tú y Yo y las criaturas, y entre tus sufrimientos para impedir
los flagelos, ahora viéndose este vacío la cosa parecerá discordante e incompleta, y Yo cosas
discordantes e incompletas no sé hacer”.
(5) Y yo, encogiéndome de hombros he dicho: “Me es demasiado duro hacerlo, y además,
¿quién se recordará de todo?”
(6) Y Jesús sonriendo agregó: “¿Y si después de tu muerte te doy una pena de fuego en las
manos en el Purgatorio, qué dirás?”
(7) Esta es la causa por la que me he decidido a escribir sobre los castigos, espero que Jesús
perdonará mi omisión, y prometo ser atenta en el futuro.
(8) Ahora, regreso a decir que estando muy afligida, Jesús al venir, para animarme me tomó
entre sus brazos y me dijo:
(9) “Hija mía, anímate, quien hace mi Voluntad jamás queda sin mi compañía, más bien está
junto Conmigo en las obras que hago, en mis deseos, en mi Amor, en todo, y por doquier está
junto Conmigo. Además puedo decir que como quiero todo para Mí, afectos, deseos, etc., de
todas las criaturas, no teniéndolos, Yo estoy en actitud en torno a las criaturas para hacer
adquisición de ellos; ahora, encontrando en quien hace mi Voluntad el cumplimiento de mis
deseos, mi deseo se reposa en ella, mi Amor toma reposo en su amor, y así de todo lo demás”.
(10) Luego ha agregado: “Te he dado dos cosas grandísimas, que se puede decir que
formaban mi misma Vida; mi Vida estuvo encerrada en estos dos puntos: Voluntad Divina y
Amor. Y esta Voluntad desenvolvió en Mí mi Vida y cumplió mi Pasión. No quiero otra cosa de
ti, que mi Voluntad sea tu vida, tu regla, y que ninguna cosa, sea pequeña o grande, escape de