11-82
Noviembre 4, 1914
Complacencia de Jesús por las horas de la Pasión.
(1) Estaba haciendo las horas de la Pasión, y Jesús complaciéndose me ha dicho:
(2) “Hija mía, si tú supieras la gran complacencia que siento al verte repetir estas horas de mi
Pasión, y siempre repetirlas, y de nuevo repetirlas, quedarías feliz. Es verdad que mis santos
han meditado mi Pasión y han comprendido cuánto sufrí y se han deshecho en lágrimas de
compasión, tanto, de sentirse consumar de amor por mis penas, pero no lo han hecho así de
continuo y siempre repetido con este orden, así que puedo decir que tú eres la primera que me
da este gusto tan grande y especial, y al ir desmenuzando en ti hora por hora mi Vida y lo que
sufrí, Yo me siento tan atraído, que hora por hora te voy dando el alimento y como contigo el
mismo alimento, y hago junto contigo lo que haces tú. Debes saber que te recompensaré
abundantemente con nueva luz y nuevas gracias, y aun después de tu muerte, cada vez que
sean hechas por las almas en la tierra estas horas de mi Pasión, Yo en el Cielo te cubriré siempre
de nueva luz y gloria”.
+ + + +
11-83
Noviembre 6, 1914
Quien hace las horas de la Pasión hace suya la
Vida de Jesús, y toma el mismo oficio de Él.
(1) Continuando las acostumbradas horas de la Pasión, mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el mundo está en continuo acto de renovar mi Pasión, y como mi inmensidad
envuelve a todos, dentro y fuera de las criaturas, por eso estoy obligado por su contacto a recibir
clavos, espinas, flagelos, desprecios, escupitajos y todo lo demás que sufrí en la Pasión, y aun
más. Ahora, quien hace estas horas de mi Pasión, a su contacto me siento sacar los clavos,
romper las espinas, endulzar las llagas, quitar los salivazos, me siento cambiar en bien el mal
que me hacen los demás, y Yo, sintiendo que su contacto no me hace mal, sino bien, me apoyo
siempre más sobre ella”.
(3) Después de esto, volviendo el bendito Jesús a hablar de estas horas de la Pasión ha dicho:
(4) “Hija mía, has de saber que con hacer estas horas, el alma toma mis pensamientos y los
hace suyos, mis reparaciones, las oraciones, los deseos, los afectos y aun mis más íntimas
fibras y las hace suyas, y elevándose entre el Cielo y la tierra hace mi mismo oficio, y como
corredentora dice junto Conmigo: “Ecce ego mitte me”, quiero repararte por todos, responderte
por todos e implorar el bien para todos”.
+ + + +